Feria de Larvas Negras

aoz

Poeta recién llegado
Feria de Larvas Negras


–La feria está abierta.
Feria de larvas negras.
¡Venta, venta, aprovechen,
antes que nos crezcan
las imberbes a gusarapos dulces!
¡Venta o tregua!

Me decía un vagabundo por la principal plaza
del mercado de Río Piedras, recostado
bajo el campanario de la iglesia sin nombre
que no recordaba, quizás
por falta de reconocimiento
a mi total ignorancia pueblerina...

Me repetía el vagabundo con una justa sonrisa
“feria de larvas negras”,
(ansiaba convencedor su rostro sucio, agujereado
por los sacos que pesan vejez a la mirada;
tres frascos casi vacíos con limo aguado y légamo;
dos botellas “canecas” vacantes girando con la brisa,
saltarinas en la piedra).

Importancia poca le ofrecí con el peor impulso:
ignorar su vivo ser
-transitarme adelante del fantasma-,
el dialogo que se espera,
su palabra; el feroz duelo de la “rama social”
cual peor que la muerte
ésta sí sólo paga con el desprecio...
Se siente, se sintió, tenso el aire, pesada mala vibra
que se subleva entre dos seres
al instante tan íntimo del insulto...
(únicamente pruebo evidente la fuerza del espíritu,
la teoría de ella tan viva ya tan pernoctada).

Precio frívolo que sobrelleva a la poca cortesía
de ésta generación joven, y yo parte dé,
cometí el grave, partí el pan
y le ofrecí el hongo
cual se esconde en la piel que nunca se vence...

Seguí caminando a la par de su estruendoso más amplio,
hecha todo viento y eco
rasguñando el aire propio mío para mi piel orgullosa:
–¡Feria de larvas negras!
¡La feria está abierta!
¡La galería de las moscas!

Troté versátil las patas con el belfo alto etéreamente nublado,
ligero, olfateando el horizonte,
pero a la vez
tan próximo al arrepentimiento...

Caminé, y ahora, ínfimo con su rostro sucio,
con los talones avergonzados de los pies,
con la vejez taciturna que me poblaba ambrosías
en ramilletes fútiles al destino,
la garganta nula por el mutismo,
con la palabra larva, cual, por fin
la sentí cruda, exacta, como sería, como siempre fue...

***

“La feria está abierta.
Feria de larvas negras.
Venta, venta, aprovechen,
antes que nos crezcan
las imberbes a gusarapos dulces...
Venta o tregua...”

Cómo se me antojan tanto poseerme
con sus larvas negras los residuos que me sobran ahora...
y toda la carne que perdí en ése día,
en Río Piedras,
bajo el rústico campanario de la iglesia sin nombre...

Cuatro años más tarde (acaeció lo irónico),
me encontré... asimismo... vagabundo...

Vagabundo
y con refugio, con familia,
con hijos y su pureza inocente,
con la nodriza y su paga,
con faustas fiestas
que me ruedan tan vacías
y tan rellenas a la vez
de otras vidas huecas, con trabajo, con rutina,
con objetos sólidos, con el que dirán,
con sacrificios inservibles intolerables,
con la insolente imagen de asimismo,
como mi palabra y con ella, óptimo,
como la forma,
vivo e insignificante, como un poeta...

«Hubo tregua,
la hubo,
algo dulce de larva... pugna el alma hecha mosca...»


Gino Alexander Amaya
27 Abril 2007
 

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