El aire se espesa, se humedece.
Nada existe en la sombra de mi amanecer,
de mi enfado...
menos tu,
derritiendo lunas pesadas.
Y soy de río turbulento remanso,
besando ribera,
nadando sinuoso entre piedras,
saboreando cielo a tus pies,
esfumándome en riscos ocultos,
desprendido de mi
como nube.
Hacia los rápidos,
pintando mis olas de plata,
de oro tu tierra,
somos uno hacia el mar,
tu sobre mi,
hasta la rompiente,
aferrados al horizonte desnudos de sueños,
perdidos
en la inmensidad, en las llamas del sol.