José María Arévalo
Poeta recién llegado
Fingir que no he reído, fingir que he amado
o creer que soy de hierro, cuando en verdad
soy humano, es querer volar en el cielo,
sin alas, solo flotando desafiando al viento.
Desafiando los rayos, del soberbio sol, mortecino
al atardecer de un día nublado, pero fingir que nunca
he soñado, o quizás que alguna vez volé en el subconsciente
sin miedo a vencer o ser derrotado, es solo creer
que soy un viejo soldado de mil batallas luchadas
de mil noches olvidadas, de mil recuerdos borrados.
Y solo queda un tenue rastro, de un ser que muere
en el ocaso con la esperanza del místico pájaro enviado
por Zeus desde el Olimpo al ser humano, para decir
puedo volver y resurgir entre las cenizas, entre los destrozos,
y surgir con fuego en las manos, con fuego que llena el corazón
al sentir el suave olor de la piel del ser humano al que llamamos mujer.
Pero fingir que soy invencible, cuando en verdad sucumbo
al sueño, quedando cada noche indefenso ante sus manos
pero fingir, no, no ya no finjamos sigamos adelante
que fénix alumbra cada instante con los tiernos rayos
del soy naciente en el oriente, imponente.
o creer que soy de hierro, cuando en verdad
soy humano, es querer volar en el cielo,
sin alas, solo flotando desafiando al viento.
Desafiando los rayos, del soberbio sol, mortecino
al atardecer de un día nublado, pero fingir que nunca
he soñado, o quizás que alguna vez volé en el subconsciente
sin miedo a vencer o ser derrotado, es solo creer
que soy un viejo soldado de mil batallas luchadas
de mil noches olvidadas, de mil recuerdos borrados.
Y solo queda un tenue rastro, de un ser que muere
en el ocaso con la esperanza del místico pájaro enviado
por Zeus desde el Olimpo al ser humano, para decir
puedo volver y resurgir entre las cenizas, entre los destrozos,
y surgir con fuego en las manos, con fuego que llena el corazón
al sentir el suave olor de la piel del ser humano al que llamamos mujer.
al sueño, quedando cada noche indefenso ante sus manos
pero fingir, no, no ya no finjamos sigamos adelante
que fénix alumbra cada instante con los tiernos rayos
del soy naciente en el oriente, imponente.