Marchita flor.
Tus ojos son ramas deshojadas
entre la inmensidad de la niebla
espesa, siniestros.
Desfigura la hondura de tú flama
y ahonda en mi entraña
la maraña de sones titubeantes
que anidan en la mente.
Déjame ser.
Despido el luto corrupto de la quietud.
Ociosa senectud
que abate mi pecho