José rubiel Amaya Amaya
Poeta asiduo al portal
Era una flor de candor,
como arrancada
a los jardines del ensueño.
Era un panal de abejas doradas,
cuyas mieles vírgenes,
tenían el dulce sabor del encanto,
y el exquisito olor de las rosas.
Su belleza era toda
interior y profunda,
como el silencio de la noche,
como el atractivo de
una piedra preciosa.
Sus blancas manos,
entrelazadas con las mías
formaban una comunión espiritual.
Su caricia era,
como el beso sutil de los vientos
enviados por un mar en calma.
Como tiernas olas,
en playas de luz y de armonía,
bajo un cielo bermejo
a la hora del crepúsculo.
como arrancada
a los jardines del ensueño.
Era un panal de abejas doradas,
cuyas mieles vírgenes,
tenían el dulce sabor del encanto,
y el exquisito olor de las rosas.
Su belleza era toda
interior y profunda,
como el silencio de la noche,
como el atractivo de
una piedra preciosa.
Sus blancas manos,
entrelazadas con las mías
formaban una comunión espiritual.
Su caricia era,
como el beso sutil de los vientos
enviados por un mar en calma.
Como tiernas olas,
en playas de luz y de armonía,
bajo un cielo bermejo
a la hora del crepúsculo.