Aurisolado
Poeta recién llegado
Una cortina de esferas ha sepultado el camino,
De cristales peligrosos, al facturarse su piel,
Y como flores de luces que se deshojan en vivo,
Gritan toda su angustia y mueren entre mis pies
El perfume de su sangre que se mezcla con el mío,
Se escondió tras la frescura de la tierra removida,
Donde borra majestuosa de la muerte sus delitos,
Consumiendo toda sangre y se nutre conmovida.
De la muerte de la lluvia forma el tallo riguroso,
Adornada de mil dagas forjadas en valentía,
Qué no sé, si son el arma de un guerrero muy valioso,
Ó las espadas lanzadas que le infligen mil heridas.
Y la sangre que ascendiese por su cuerpo vanidoso,
Le va formando las venas que le coronan la vida,
Como unos labios que abriesen con un aliento medroso,
Para enseñar otros labios que nacen en sincronía,
Y forman el espejismo de un infinito tesoro,
Que hipnotiza a los amantes por las calles malheridas.
De cristales peligrosos, al facturarse su piel,
Y como flores de luces que se deshojan en vivo,
Gritan toda su angustia y mueren entre mis pies
El perfume de su sangre que se mezcla con el mío,
Se escondió tras la frescura de la tierra removida,
Donde borra majestuosa de la muerte sus delitos,
Consumiendo toda sangre y se nutre conmovida.
De la muerte de la lluvia forma el tallo riguroso,
Adornada de mil dagas forjadas en valentía,
Qué no sé, si son el arma de un guerrero muy valioso,
Ó las espadas lanzadas que le infligen mil heridas.
Y la sangre que ascendiese por su cuerpo vanidoso,
Le va formando las venas que le coronan la vida,
Como unos labios que abriesen con un aliento medroso,
Para enseñar otros labios que nacen en sincronía,
Y forman el espejismo de un infinito tesoro,
Que hipnotiza a los amantes por las calles malheridas.