AMANT
Poeta adicto al portal
Sobre un campo de refulgentes esmeraldas,
enmarcado por el tierno y ornamental
celeste del firmamento,
de multiformes nubes cubierto;
enmedio de un diáfano manantial de aguas termales;
una flor de diamantes,
un hermoso día encontré,
y en su exquisita belleza,
la mirada extravié.
No me atreví a cortarla,
quise dejarla ahí,
para verla, acariciarla
y poder disfrutar de su grata compañía
cada vez que quisiera.
La dulce fragancia sutil de la alegría,
desde entonces me ha entregado.
Luego de haberla hallado,
otra flor idéntica,
brotó a su lado,
cuando te conocí,
entonces, las transplantamos
al terreno fértil
de nuestros corazones,
ahí las bañó
el carmesí río cálido del amor.
Pasaron días, meses y años
y así como llegaron lluvias
de maravillosos momentos,
así también
inclementes vendavales y tornados,
las embistieron,
erosionando el suelo
y arrastrando todo a su paso,
mas aquellas flores lozanas y firmes siguieron.
El tiempo y la distancia, invernales enemigos,
también desearon destruirlas,
pero fueron en vano,
todos sus intentos,
pues éstas, sempiternas,
continuaron creciendo hasta el cielo,
enriqueciendo y embelleciendo nuestras vidas.
Un día subieron tanto que el buen Dios las admiró,
con sus bellos ojos, de miel, noche y mar,
entre sus suaves y santas manos, las tomó,
aspirando, al tiempo, su delicioso aroma
y, complacido, suspiró.
enmarcado por el tierno y ornamental
celeste del firmamento,
de multiformes nubes cubierto;
enmedio de un diáfano manantial de aguas termales;
una flor de diamantes,
un hermoso día encontré,
y en su exquisita belleza,
la mirada extravié.
No me atreví a cortarla,
quise dejarla ahí,
para verla, acariciarla
y poder disfrutar de su grata compañía
cada vez que quisiera.
La dulce fragancia sutil de la alegría,
desde entonces me ha entregado.
Luego de haberla hallado,
otra flor idéntica,
brotó a su lado,
cuando te conocí,
entonces, las transplantamos
al terreno fértil
de nuestros corazones,
ahí las bañó
el carmesí río cálido del amor.
Pasaron días, meses y años
y así como llegaron lluvias
de maravillosos momentos,
así también
inclementes vendavales y tornados,
las embistieron,
erosionando el suelo
y arrastrando todo a su paso,
mas aquellas flores lozanas y firmes siguieron.
El tiempo y la distancia, invernales enemigos,
también desearon destruirlas,
pero fueron en vano,
todos sus intentos,
pues éstas, sempiternas,
continuaron creciendo hasta el cielo,
enriqueciendo y embelleciendo nuestras vidas.
Un día subieron tanto que el buen Dios las admiró,
con sus bellos ojos, de miel, noche y mar,
entre sus suaves y santas manos, las tomó,
aspirando, al tiempo, su delicioso aroma
y, complacido, suspiró.
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:: no lo había leído hasta hoy. El tñitulo es incorrecto.... porque desde luego debes incluirte en él.... otra flor de diamante bruto. Me has dejado una sonrisa en este momento.... le he puesto tu voz.... tu énfasis, esa dulzura traviesa que te caracteriza. Un poema muy lejano, pero cercano a su vez. Hay magia mexicana, siempre tan pasional y entregada en tnodo lo que escribes.