Anna Politkóvskaya
Poeta fiel al portal
I
Siempre hay luz
donde la palabra justa
tiene sus dominios
o cuando los vientos
son brisas con nombre
de mujer luchando
contra molinos infames
que impiden la buena marcha
de las cosas,
de la vida también.
Nunca la oscuridad,
a pesar de los ojos
ahítos de páginas vividas
en una tierra exigente,
donde el camino
se llena con la fragancia
de la Paz.
II
Respiro
porque tú
eres el aire
que expande
mis pulmones.
Casa tengo
porque tú
eres el cobijo
-regazo generoso-
que de calor
me nutre.
Tan dentro
de mí
te hallas
que no requiero
de tus fotografías,
porque en el agua
te pinto,
y en la tierra toda,
y en la noche estrellada.
Y fuego eres
cuando de mi boca
brotan torbellinos
de palabras vehementes,
colmadas de besos
o anhelando porvenires.
III
Como un buen poema
que surge de la segregación
de las resinas, así has ido tú,
suma hacedora ante todo,
dándole forma al barro,
concediéndole el privilegio
de poseer una figura
propia con sueños y biografía.
Nadie, ni la mano más robusta,
ha conseguido doblegar
la fuerza de tu palabra. Nada,
ni los vientos más violentos,
ha logrado arrebatarte tus arrojos.
Ahora, deja abiertas
las últimas puertas y sal
al encuentro del tiempo;
y porque has triunfado,
somételo a tus caprichos.
IV
Y si un día como
de elegíaca campana
anunciando adioses
el gran dedo afilado
nos exigiera silencio,
nuestra espalda
tendrá como respuesta
mientras juntos
recorremos,
vida mía, el camino
de vuelta al mar
donde se halla
el principio.
Siempre hay luz
donde la palabra justa
tiene sus dominios
o cuando los vientos
son brisas con nombre
de mujer luchando
contra molinos infames
que impiden la buena marcha
de las cosas,
de la vida también.
Nunca la oscuridad,
a pesar de los ojos
ahítos de páginas vividas
en una tierra exigente,
donde el camino
se llena con la fragancia
de la Paz.
II
Respiro
porque tú
eres el aire
que expande
mis pulmones.
Casa tengo
porque tú
eres el cobijo
-regazo generoso-
que de calor
me nutre.
Tan dentro
de mí
te hallas
que no requiero
de tus fotografías,
porque en el agua
te pinto,
y en la tierra toda,
y en la noche estrellada.
Y fuego eres
cuando de mi boca
brotan torbellinos
de palabras vehementes,
colmadas de besos
o anhelando porvenires.
III
Como un buen poema
que surge de la segregación
de las resinas, así has ido tú,
suma hacedora ante todo,
dándole forma al barro,
concediéndole el privilegio
de poseer una figura
propia con sueños y biografía.
Nadie, ni la mano más robusta,
ha conseguido doblegar
la fuerza de tu palabra. Nada,
ni los vientos más violentos,
ha logrado arrebatarte tus arrojos.
Ahora, deja abiertas
las últimas puertas y sal
al encuentro del tiempo;
y porque has triunfado,
somételo a tus caprichos.
IV
Y si un día como
de elegíaca campana
anunciando adioses
el gran dedo afilado
nos exigiera silencio,
nuestra espalda
tendrá como respuesta
mientras juntos
recorremos,
vida mía, el camino
de vuelta al mar
donde se halla
el principio.
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