Fragata.

Norainu

Poeta fiel al portal
Fragata.

Las flores del descanso,
son solsticio y aquelarre.
Tus manos abiertas,
la niebla que estrangula mi garganta.
Vibra el diapasón, abierta turbulencia.
Abrasivo.
El rayo y la centella, el misterio de tus ojos,
las rocas y los escollos.
Se pierde la fragata en el negro horizonte.
Prometió que volvería cuando amainara,
cuando le soltara esa tenaza de cangrejo
que está en todas las islas y en la que tu duermes.
A quilla entera, iracundo se cruza el mediterráneo,
de frente a los riscos y a la espuma.
La sal en el aire, se aprieta en tu niebla,
ahogando al marinero.
Sueña con las flores en la tormenta,
solsticio de verano que estrangula.
Se pierde la fragata en el horizonte rojizo y sangriento,
aquelarre de tus besos, azules sus costas y tus ojos.
Se oculta la noche en una niebla que une al agua y al firmamento.
Las flores ya no sueñan, el descanso.
Y tus manos.
 
Última edición:
Fragata.

Las flores del descanso,
son solsticio y aquelarre.
Tus manos abiertas y esa niebla.
Que estrangula con dulzura mi garganta,
donde salta el diapasón, la turbulencia.
Abrasivo.
El rayo y la centella, el misterio de tus ojos,
esa niebla.
Se pierde la fragata en un mapa tan profundo.
Prometió que volvería cuando amainara,
cuando le soltara esa tenaza de cangrejo
que está en todas las islas y en la que tu duermes.
A quilla entera, iracundo se cruza el mediterráneo,
a los riscos y la espuma.
La sal se besa en el aire,
se aprieta en tu niebla de perfume que ahoga al marinero.
Soñando con las flores en la tormenta,
tus manos abiertas, solsticio de verano,
estrangulan mi garganta.
Se pierde la fragata, aquelarre de tus besos,
azules sus costas y tus ojos.
Esa niebla, las flores y el descanso.
Y tus manos.
El mediterráneo no es un obstáculo, tampoco un medio. Es testigo.
Un saludo, Norainu.
 
Fragata.

Las flores del descanso,
son solsticio y aquelarre.
Tus manos abiertas y esa niebla.
Que estrangula con dulzura mi garganta,
donde salta el diapasón, la turbulencia.
Abrasivo.
El rayo y la centella, el misterio de tus ojos,
esa niebla.
Se pierde la fragata en un mapa tan profundo.
Prometió que volvería cuando amainara,
cuando le soltara esa tenaza de cangrejo
que está en todas las islas y en la que tu duermes.
A quilla entera, iracundo se cruza el mediterráneo,
a los riscos y la espuma.
La sal se besa en el aire,
se aprieta en tu niebla de perfume que ahoga al marinero.
Soñando con las flores en la tormenta,
tus manos abiertas, solsticio de verano,
estrangulan mi garganta.
Se pierde la fragata, aquelarre de tus besos,
azules sus costas y tus ojos.
Esa niebla, las flores y el descanso.
Y tus manos.
Las manos son lo único que impide que uno se pierda incluso en la niebla más espesa. Gran poema, muchas gracias por él. Saludos cordiales.
 

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