De los huesos que gritan, el calor de las manos,
o el vaho, de la cancioncilla, junto al café…
las mañanas de musas, en sintonía;
de los colores alegres,
que recorren las orejas…
los trapecios de fulgores,
que nos traían hacia ti,
y los paisajes perfumados,
de una fórmula más fina…
y nos cubren las grandes hojas, de los vegetales,
y hay muchos más tractores, en la respiración…
esas ansias, como avispas, caídas a la luz,
y esos sentimientos, que colgaban de las ramas;
la libertad, como un viento, que corre entre los dientes…