SANDINUS
Poeta recién llegado
FUE EN UNA NOCHE DE LLUVIA
La conocí una noche de lluvia.
En la que peatones fantasmas caminaban con prisa,
veloces conductores humillaban a los caminantes,
y los perros callejeros se restregaban en las paredes buscando calor de hogar.
Yo estaba ahí, solo, sin rumbo,
sin mas deseo que estar lejos de aquel lugar sin suerte.
Refugiado bajo una marquesina esperé,
esperé que la tormenta dejara de vengarse del asfalto.
Fue en ese infortunio cuando el destino
me aventó una cuerda en forma de mujer,
venìa con el pelo mojado, el rimel en las mejillas,
taconeando impaciente el piso.
Ella no se daba cuenta de mi presencia
Yo analizaba su figura perfecta,
quebrandome la mente buscando
la palabra ideal con tono de excusa.
El monótono tránsito alentaba el tiempo,
las alcantarillas se ahogaban de tanto beber.
Yo, con el deseo en la punta de la lengua
De pronto, me lanzó una mirada flecha trás de su hombro
que rompió el cristal de los desconocidos.
Impulsivo desempolve mi repertorio
de preguntas intrascendentes.
Ella sólo me miraba,
me miraba haciendo tropezar mis palabras,
destapando la obviedad de mis intenciones.
Una sutil caricia de su dedo
cerró mis labios implorando silencio.
Fue entonces,
cuando aquel viento
que arrastra magias y sueños fugaces,
se apoderó de la noche,
convirtió los truenos en violines.
Hizo de aquella banqueta una burbuja de besos
que entibio los charcos
y evaporò en nuestras pieles
diluvios de pasiones ocultas.
La conocí una noche de lluvia.
En la que peatones fantasmas caminaban con prisa,
veloces conductores humillaban a los caminantes,
y los perros callejeros se restregaban en las paredes buscando calor de hogar.
Yo estaba ahí, solo, sin rumbo,
sin mas deseo que estar lejos de aquel lugar sin suerte.
Refugiado bajo una marquesina esperé,
esperé que la tormenta dejara de vengarse del asfalto.
Fue en ese infortunio cuando el destino
me aventó una cuerda en forma de mujer,
venìa con el pelo mojado, el rimel en las mejillas,
taconeando impaciente el piso.
Ella no se daba cuenta de mi presencia
Yo analizaba su figura perfecta,
quebrandome la mente buscando
la palabra ideal con tono de excusa.
El monótono tránsito alentaba el tiempo,
las alcantarillas se ahogaban de tanto beber.
Yo, con el deseo en la punta de la lengua
De pronto, me lanzó una mirada flecha trás de su hombro
que rompió el cristal de los desconocidos.
Impulsivo desempolve mi repertorio
de preguntas intrascendentes.
Ella sólo me miraba,
me miraba haciendo tropezar mis palabras,
destapando la obviedad de mis intenciones.
Una sutil caricia de su dedo
cerró mis labios implorando silencio.
Fue entonces,
cuando aquel viento
que arrastra magias y sueños fugaces,
se apoderó de la noche,
convirtió los truenos en violines.
Hizo de aquella banqueta una burbuja de besos
que entibio los charcos
y evaporò en nuestras pieles
diluvios de pasiones ocultas.