Antonio González
Poeta recién llegado
Cavilando estoy en la lúgubre noche
frente a la fogata que ardiente
impele al aire sus reproches
de sentirse morir
contemplada por el silente
que, adormecido, la mira
mientras a su vera se sienta
y allí postrado, sin tener prisa,
de vez en cuando alimenta
sus llamas con una tea.
Hoguera imprescindible
pues sin su fuego nada sería
ni la mitad de increíble
ni yo soñaría con serlo.
Fuego de lo divino
lo terreno y lo humano.
Fuego de la verdad,
fuego que quema la mano
fuego de aquel que la da
no precisamente como hermano.
Fuego de la mentira
fuego que a mi me quema
fuego si tu boca respira
aires de otros poemas
que no son mis poesías.
Fuego que purifica,
fuego las circunstancias.
Fuego que acidifica
los suelos bajo sus llamas.
Ese fuego son tus ojos
y tu boca y tus andares.
Pues fuego a mí me resultas
Y de mentiras y verdades
me purifican tus besos,
mientras cuido que las llamas
de la fogata que es amarte
no dejen de ser enormes
como lenguas de gigantes
que de amor dicen palabras
sin las que yo ya no soy nadie.
Antonio
frente a la fogata que ardiente
impele al aire sus reproches
de sentirse morir
contemplada por el silente
que, adormecido, la mira
mientras a su vera se sienta
y allí postrado, sin tener prisa,
de vez en cuando alimenta
sus llamas con una tea.
Hoguera imprescindible
pues sin su fuego nada sería
ni la mitad de increíble
ni yo soñaría con serlo.
Fuego de lo divino
lo terreno y lo humano.
Fuego de la verdad,
fuego que quema la mano
fuego de aquel que la da
no precisamente como hermano.
Fuego de la mentira
fuego que a mi me quema
fuego si tu boca respira
aires de otros poemas
que no son mis poesías.
Fuego que purifica,
fuego las circunstancias.
Fuego que acidifica
los suelos bajo sus llamas.
Ese fuego son tus ojos
y tu boca y tus andares.
Pues fuego a mí me resultas
Y de mentiras y verdades
me purifican tus besos,
mientras cuido que las llamas
de la fogata que es amarte
no dejen de ser enormes
como lenguas de gigantes
que de amor dicen palabras
sin las que yo ya no soy nadie.
Antonio
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