dragon_ecu
Esporádico permanente
Fueron ciento cincuenta y tres palabras...
Una tarde de sol recogiendo la maleta de un hotel para ir en busca de esencias de letras.
La espera serena de aceptar en persona lo que los ojos habían aceptado y admirado desde antes, lo que el espíritu anhelaba encontrar.
Manos amigas, miradas tiernas, compañeros solidarios, hambre y sed de conocer y darse a conocer, de compartir lo que el alma antes dejaba en palabras.
Todas las vivencias, propias y ajenas, añejas y jóvenes, reales e imaginarias, se mezclaron en un universo extraño donde la única verguenza era descubrir que somos imperfectos solitarios, que llevamos un mundo en nuestras mentes, que éramos creadores y vida de la creación.
Los sentidos se alteraban en cada escalón y hubo la necesidad de contarlos, para saber el límite de la cordura. Cada pensamiento, cada línea abría partes de nosotros hasta entonces desconocidas...
...el compartirlas fue nuestra comunión y alegría.
Una tarde de sol recogiendo la maleta de un hotel para ir en busca de esencias de letras.
La espera serena de aceptar en persona lo que los ojos habían aceptado y admirado desde antes, lo que el espíritu anhelaba encontrar.
Manos amigas, miradas tiernas, compañeros solidarios, hambre y sed de conocer y darse a conocer, de compartir lo que el alma antes dejaba en palabras.
Todas las vivencias, propias y ajenas, añejas y jóvenes, reales e imaginarias, se mezclaron en un universo extraño donde la única verguenza era descubrir que somos imperfectos solitarios, que llevamos un mundo en nuestras mentes, que éramos creadores y vida de la creación.
Los sentidos se alteraban en cada escalón y hubo la necesidad de contarlos, para saber el límite de la cordura. Cada pensamiento, cada línea abría partes de nosotros hasta entonces desconocidas...
...el compartirlas fue nuestra comunión y alegría.
Última edición:

::
::