Xisquio
Poeta recién llegado
LA TIERRA SE MUEVE
Era apacible la noche, el silencio velaba sus nidos
y los angeles jugaban en sus sueños.
Nadie vio en la luna los rayos de horror y oidos sordos
no dieron razon a aullidos de canes
asfixiados en un aire envuelto de dolor.
La vida acabo junto a nidos destruidos
entre movimientos y vientos. No hay escape entre
rayos lunares carentes de luz, la sombra eterna
polulaba entre plazas y aún habitados arboles.
Cantos apenados de aves sin nido sin tonos ni melodías
cierran sus ojos al ver el rasante vuelo de cóndores
buscando la manera de remontar al cielo.
Se coluden a los rayos solares pero estos se cubren
entre grises nubes.
Madre no llores por el suspiro que exhalastes y
piensa que tu llanto puede minar con mas dolor
la pena de ver partir a quienes que por mas duro
que muestren su corazón, entre el frío se abrazan
formando un cerco y asi privar un manto
que les cubra a un sueño eterno.
El mar abraza y ahoga entre gritos y lamentos,
succiona sin piedad a quienes vetarón su fuerza
y se une a su madre en un juego de destrucción.
La tierra de mueve y el aire se arremolina,
algunas aves lloran alguna partida,
otras en su impotencia aceptan lo que la madre ha mandado.
Los cóndores se apropian del alimento de todos.
Algunas pequeñas aves se disfrazan de condores
y no miran sus nidos vacíos. Piensan en nuevos tiempos
entre opulencias mal venidas,
en sus alas no hay fuerzas para buscar secas ramas
Ya no hay ruidos ni trinos, el silencio se acomodo
entre ojos agotados de vencidas vidas.
Los cóndores entre gases sobreviven sin agotamiento,
mientras el llanto de las aves en las plazas
se únen a las miradas al ver sus nidos caer.
Palomas y cóndores se únen en esta realidad.
Ojos lejanos lloran su impotencia a un bendito deseo
pero carente de fuerzas propias,
no hay acción, solo queda la compasión
Era apacible la noche, el silencio velaba sus nidos
y los angeles jugaban en sus sueños.
Nadie vio en la luna los rayos de horror y oidos sordos
no dieron razon a aullidos de canes
asfixiados en un aire envuelto de dolor.
La vida acabo junto a nidos destruidos
entre movimientos y vientos. No hay escape entre
rayos lunares carentes de luz, la sombra eterna
polulaba entre plazas y aún habitados arboles.
Cantos apenados de aves sin nido sin tonos ni melodías
cierran sus ojos al ver el rasante vuelo de cóndores
buscando la manera de remontar al cielo.
Se coluden a los rayos solares pero estos se cubren
entre grises nubes.
Madre no llores por el suspiro que exhalastes y
piensa que tu llanto puede minar con mas dolor
la pena de ver partir a quienes que por mas duro
que muestren su corazón, entre el frío se abrazan
formando un cerco y asi privar un manto
que les cubra a un sueño eterno.
El mar abraza y ahoga entre gritos y lamentos,
succiona sin piedad a quienes vetarón su fuerza
y se une a su madre en un juego de destrucción.
La tierra de mueve y el aire se arremolina,
algunas aves lloran alguna partida,
otras en su impotencia aceptan lo que la madre ha mandado.
Los cóndores se apropian del alimento de todos.
Algunas pequeñas aves se disfrazan de condores
y no miran sus nidos vacíos. Piensan en nuevos tiempos
entre opulencias mal venidas,
en sus alas no hay fuerzas para buscar secas ramas
Ya no hay ruidos ni trinos, el silencio se acomodo
entre ojos agotados de vencidas vidas.
Los cóndores entre gases sobreviven sin agotamiento,
mientras el llanto de las aves en las plazas
se únen a las miradas al ver sus nidos caer.
Palomas y cóndores se únen en esta realidad.
Ojos lejanos lloran su impotencia a un bendito deseo
pero carente de fuerzas propias,
no hay acción, solo queda la compasión