Íntegro fuí y soy tuyo.
Cedí mi vida a cambio de tu dicha.
Todo lo entregué como oración,
mis pensamientos, ahora vacíos;
las ganas de caminar, hoy me arrastro;
las ganas de escribirle al amor, en madrugadas silenciosas
y todo esto apartado de tu grandiosa existencia.
Todo te lo adjudicaste,
con el sólo roce de tu vida
con un alma confiada.
Y tan simple como una migaja
quedé postrado en el infierno
eterno... en el infierno diario que trasiego.
Quiero olvidarte y te recuerdo;
Quise odiarte y más aún te amo.
Me oculto en tu camino
pero sigues viviendo en mis adentros.
Te amo sin duda al equívoco.
No preguntes,
pero la cicatriz sigue ardiendo
con flama abrazadora al rojo vivo,
como deseo no cumplido,
como condena perpetua
en espera de un milagro.
Nunca fui dueño del cariño,
admitido lo siento.
ni de los destellos,
ni de tus suspiros.
Eres tormento inevitable;
arenizca en mi desierto
que soslaya a mis brazos
sentir el palpitar de tu cuerpo.
Te amo irremediablemente, lo acepto.
Como acepté regalarte en la despedida
todo lo mío, todo aquello que había germinado,
y que con una lágrima finalizamos lo que fue bello.
Cedí mi vida a cambio de tu dicha.
Todo lo entregué como oración,
mis pensamientos, ahora vacíos;
las ganas de caminar, hoy me arrastro;
las ganas de escribirle al amor, en madrugadas silenciosas
y todo esto apartado de tu grandiosa existencia.
Todo te lo adjudicaste,
con el sólo roce de tu vida
con un alma confiada.
Y tan simple como una migaja
quedé postrado en el infierno
eterno... en el infierno diario que trasiego.
Quiero olvidarte y te recuerdo;
Quise odiarte y más aún te amo.
Me oculto en tu camino
pero sigues viviendo en mis adentros.
Te amo sin duda al equívoco.
No preguntes,
pero la cicatriz sigue ardiendo
con flama abrazadora al rojo vivo,
como deseo no cumplido,
como condena perpetua
en espera de un milagro.
Nunca fui dueño del cariño,
admitido lo siento.
ni de los destellos,
ni de tus suspiros.
Eres tormento inevitable;
arenizca en mi desierto
que soslaya a mis brazos
sentir el palpitar de tu cuerpo.
Te amo irremediablemente, lo acepto.
Como acepté regalarte en la despedida
todo lo mío, todo aquello que había germinado,
y que con una lágrima finalizamos lo que fue bello.