Claridad
Poeta que considera el portal su segunda casa
Fuimos las únicas
que pudieron desprender los pétalos de rosas
de nuestras delicadas ropas,
y dejarnos llevar por la aventura de un descubrir
casi eterno y silencioso,
atrevido u ocioso;
partiendo del bello tiempo ajeno
de la humedad
y el gozo.
La únicas,
que se atrevieron
a descubrir en llamas su cuerpo,
entregándolo al punto generoso
de sufrir queriendo.
Sedientas de orgullo,
y posiblemente ambas muriendo,
no nos importó el inoportuno momento,
pues fuimos de huida al cuarto
y entregamos al unísono
el tiempo.
Daniela y yo fuimos,
las únicas que nunca comprendimos el silencio.
porque ella es sábado de fiebre por la noche
buscando flores para su pensamiento,
y yo, un domingo de ramos para su cesto.
Fuimos el trago de vino que entró por la otra boca.
Fabuloso néctar femenino de especias
de la una para con la otra.
Daniela apretaba mis dos silencios
y yo,
entraba en su aurora.
que pudieron desprender los pétalos de rosas
de nuestras delicadas ropas,
y dejarnos llevar por la aventura de un descubrir
casi eterno y silencioso,
atrevido u ocioso;
partiendo del bello tiempo ajeno
de la humedad
y el gozo.
La únicas,
que se atrevieron
a descubrir en llamas su cuerpo,
entregándolo al punto generoso
de sufrir queriendo.
Sedientas de orgullo,
y posiblemente ambas muriendo,
no nos importó el inoportuno momento,
pues fuimos de huida al cuarto
y entregamos al unísono
el tiempo.
Daniela y yo fuimos,
las únicas que nunca comprendimos el silencio.
porque ella es sábado de fiebre por la noche
buscando flores para su pensamiento,
y yo, un domingo de ramos para su cesto.
Fuimos el trago de vino que entró por la otra boca.
Fabuloso néctar femenino de especias
de la una para con la otra.
Daniela apretaba mis dos silencios
y yo,
entraba en su aurora.