Lord Vélfragor
Poeta adicto al portal
Suena el silbido,
con la gaita amarga,
que recompensa el silencio,
con un llanto sentido,
de un adiós... de un comienzo,
Con sollozo,
con rosas,
al viento vuelan,
con homenaje se un otoño gris,
que cae en la ternura,
que cae en el oro fundido,
Lágrimas cristalinas,
que enmarcan la melodía,
arranquen los cimientos,
de cruel recuerdo,
para ahondar más... el dolor,
que yace aquí...
Mientras tú yaces ahí,
en fría tumba ahogada por tierra,
hasta el final de sus creencias...
dejando a capricho bestial tú despertar,
¡Lloro ahora... lloro ahora!
¡Mirad mis deseos quebrados!
¡Como alas rotas de una libertad arrebatada!
¡Disfrazada la virtud en religión!
¡Y yo maldita sea.... solo sin ti!
¡Que el Tonali me ha maldecido!
¡Siendo inconforme con él!
Justo es quedarme así,
en silencio... sintiendo,
tus caricias en fina despedida,
como manto de seda,
con el fuego de la hoguera...
Voces conjuntas...
coro divino de notas agudas,
al cerrar mis ojos,
al involúcrame en lo etéreo,
si es ahí... si es ahí...
donde alcanzaré el firmamento...
¿Padeceré?
Quiera bien entonces caer,
la inconciencia de la noche,
con el vino destilado en mis venas,
con el odio espumeante en los labios...
Para no dejar mancha al epitafio,
entre Valses y violines,
con las notas trágicas,
de fina obra... de fino mirar...
Deleita entonces el viento,
con el susurro claro,
con un adiós duradero,
porque aquí no es un hasta pronto,
es hasta nunca...
Caigo de rodillas,
con dolor que atraviesa mis entrañas,
que sea justo o injusto,
¡Carajo como duele!
¡Como arde la piel sin ti!
abriendo los caminos de mis venas,
que poco será... que poco será...
Dulces montañas,
que sirvan de espejo,
entre los ríos largos y sinuosos,
¡Serpiente perpetúa!
¡A mí! ¡A mí!
Ahora... gaitas... fina... seda...
gritos... golpes... final... final...
¡Vals!
L.V.
con la gaita amarga,
que recompensa el silencio,
con un llanto sentido,
de un adiós... de un comienzo,
Con sollozo,
con rosas,
al viento vuelan,
con homenaje se un otoño gris,
que cae en la ternura,
que cae en el oro fundido,
Lágrimas cristalinas,
que enmarcan la melodía,
arranquen los cimientos,
de cruel recuerdo,
para ahondar más... el dolor,
que yace aquí...
Mientras tú yaces ahí,
en fría tumba ahogada por tierra,
hasta el final de sus creencias...
dejando a capricho bestial tú despertar,
¡Lloro ahora... lloro ahora!
¡Mirad mis deseos quebrados!
¡Como alas rotas de una libertad arrebatada!
¡Disfrazada la virtud en religión!
¡Y yo maldita sea.... solo sin ti!
¡Que el Tonali me ha maldecido!
¡Siendo inconforme con él!
Justo es quedarme así,
en silencio... sintiendo,
tus caricias en fina despedida,
como manto de seda,
con el fuego de la hoguera...
Voces conjuntas...
coro divino de notas agudas,
al cerrar mis ojos,
al involúcrame en lo etéreo,
si es ahí... si es ahí...
donde alcanzaré el firmamento...
¿Padeceré?
Quiera bien entonces caer,
la inconciencia de la noche,
con el vino destilado en mis venas,
con el odio espumeante en los labios...
Para no dejar mancha al epitafio,
entre Valses y violines,
con las notas trágicas,
de fina obra... de fino mirar...
Deleita entonces el viento,
con el susurro claro,
con un adiós duradero,
porque aquí no es un hasta pronto,
es hasta nunca...
Caigo de rodillas,
con dolor que atraviesa mis entrañas,
que sea justo o injusto,
¡Carajo como duele!
¡Como arde la piel sin ti!
abriendo los caminos de mis venas,
que poco será... que poco será...
Dulces montañas,
que sirvan de espejo,
entre los ríos largos y sinuosos,
¡Serpiente perpetúa!
¡A mí! ¡A mí!
Ahora... gaitas... fina... seda...
gritos... golpes... final... final...
¡Vals!
L.V.