Gata con navaja

musador

esperando...
—Ya está. Lo que se puede hacer, está hecho.
—¿Ninguna posibilidad de recuperarla?
—Ninguna: se pudriría. ¿Por qué no me cuenta de nuevo lo que pasó?
—Me mudé. A los gatos les disgustan las mudanzas. Era la primera noche en mi departamento: me acosté en un colchón. Laminina se acurrucó a mi lado. Me desperté lanzando puñetazos. Sentí el dolor, y al llevar allí mi mano la sentí ensangrentarse.
—¿Y la gata?
—No sé. Al encender la luz vi la oreja, la puse en este cenicero. Traté de contener la sangre con algodón y vine para acá.
—¿Está vacunada su gata?
—Sí.
—¿Por qué cree que lo atacó? ¿Lo había hecho antes?
—No. La habré molestado en su sueño.
—¿Tiene pareja?
—No. ¿Qué tiene que ver?
—No sé, cosas que se me cruzan. Listo. Vuelva en una semana.
—Gracias, doctora.​

«Gata con navaja», pensé cuando salió.
 
Última edición:
—Ya está. Lo que se puede hacer, está hecho.
—¿Ninguna posibilidad de recuperarla?
—Ninguna: se pudriría. ¿Por qué no me cuenta de nuevo lo que pasó?
—Me mudé. A los gatos les disgustan las mudanzas. Era la primera noche en mi departamento: me acosté en un colchón. Laminina se acurrucó a mi lado. Me desperté lanzando puñetazos. Sentí el dolor, y al llevar allí mi mano la sentí ensangrentarse.
—¿Y la gata?
—No sé. Al encender la luz vi la oreja, la puse en este cenicero. Traté de contener la sangre con algodón y vine para acá.
—¿Está vacunada su gata?
—Sí.
—¿Por qué cree que lo atacó? ¿Lo había hecho antes?
—No. La habré molestado en su sueño.
—¿Tiene pareja?
—No. ¿Qué tiene que ver?
—No sé, cosas que se me cruzan. Listo. Vuelva en una semana.
—Gracias, doctora.​

«Gata con navaja», pensé cuando salió.



Me gusta...siempre dejas pensando al lector ...y la segunda lectura, como mínimo, es obligada.
Un placer como siempre, Jorge, un abrazo,
Isabel
 
Última edición:
Me gusta...siempre dejas pensando al lector ...y la segunda lectura, como mínimo, es obligada.
Un placer como siempre, Jorge, un abrazo,
Isabel
Pues sí. Una mentira bien elaborada la del paciente, pero la médica no era tonta. En otro micro se esclarece, un poco, el caso, creando nuevas opacidades.
gracias y abrazo
J.
 
—Ya está. Lo que se puede hacer, está hecho.
—¿Ninguna posibilidad de recuperarla?
—Ninguna: se pudriría. ¿Por qué no me cuenta de nuevo lo que pasó?
—Me mudé. A los gatos les disgustan las mudanzas. Era la primera noche en mi departamento: me acosté en un colchón. Laminina se acurrucó a mi lado. Me desperté lanzando puñetazos. Sentí el dolor, y al llevar allí mi mano la sentí ensangrentarse.
—¿Y la gata?
—No sé. Al encender la luz vi la oreja, la puse en este cenicero. Traté de contener la sangre con algodón y vine para acá.
—¿Está vacunada su gata?
—Sí.
—¿Por qué cree que lo atacó? ¿Lo había hecho antes?
—No. La habré molestado en su sueño.
—¿Tiene pareja?
—No. ¿Qué tiene que ver?
—No sé, cosas que se me cruzan. Listo. Vuelva en una semana.
—Gracias, doctora.​

«Gata con navaja», pensé cuando salió.
En ese dialogo las formas quedan como una construccion de engaño que el
profesional observa..., de ahi que de ese largado de presencia. la doctora
se quedo tranquila. me ha gustado. saludos de luzyabsenta
 

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