musador
esperando...
—Ya está. Lo que se puede hacer, está hecho.
—¿Ninguna posibilidad de recuperarla?
—Ninguna: se pudriría. ¿Por qué no me cuenta de nuevo lo que pasó?
—Me mudé. A los gatos les disgustan las mudanzas. Era la primera noche en mi departamento: me acosté en un colchón. Laminina se acurrucó a mi lado. Me desperté lanzando puñetazos. Sentí el dolor, y al llevar allí mi mano la sentí ensangrentarse.
—¿Y la gata?
—No sé. Al encender la luz vi la oreja, la puse en este cenicero. Traté de contener la sangre con algodón y vine para acá.
—¿Está vacunada su gata?
—Sí.
—¿Por qué cree que lo atacó? ¿Lo había hecho antes?
—No. La habré molestado en su sueño.
—¿Tiene pareja?
—No. ¿Qué tiene que ver?
—No sé, cosas que se me cruzan. Listo. Vuelva en una semana.
—Gracias, doctora.
—¿Ninguna posibilidad de recuperarla?
—Ninguna: se pudriría. ¿Por qué no me cuenta de nuevo lo que pasó?
—Me mudé. A los gatos les disgustan las mudanzas. Era la primera noche en mi departamento: me acosté en un colchón. Laminina se acurrucó a mi lado. Me desperté lanzando puñetazos. Sentí el dolor, y al llevar allí mi mano la sentí ensangrentarse.
—¿Y la gata?
—No sé. Al encender la luz vi la oreja, la puse en este cenicero. Traté de contener la sangre con algodón y vine para acá.
—¿Está vacunada su gata?
—Sí.
—¿Por qué cree que lo atacó? ¿Lo había hecho antes?
—No. La habré molestado en su sueño.
—¿Tiene pareja?
—No. ¿Qué tiene que ver?
—No sé, cosas que se me cruzan. Listo. Vuelva en una semana.
—Gracias, doctora.
«Gata con navaja», pensé cuando salió.
Última edición: