Moisés Hernández González
Poeta recién llegado
Permeable
e incesante te mezclas con el vino,
a pesar de las distancias,
tu piel es de jaspe y retoma los colores pasados.
Resplandor de radiales espectros,
acunas la noche y tu acabamiento
derroca las veletas y los pájaros.
Tu voz entra en el aire
como el temblor de un moribundo,
marcando músicas celestes
que terminan en miedo.
La noche de fusiles y de fardes,
despliegan mi memoria a tus jardines.
Pero tu consiencia es de loto
y galopas al son de lo umbrío,
paralela a las olas,
oblicuo movimento con la luz verdadera.
Aplauden tus finales
con ruidos que glosan en vertientes funerarias.
¿No sientes frío de ti, de tu inasible flecha de suspiros,
de la rosa que soltó sus distancias en tu tierra?
Quien no sienta tu frio
que señale la primera llama.
e incesante te mezclas con el vino,
a pesar de las distancias,
tu piel es de jaspe y retoma los colores pasados.
Resplandor de radiales espectros,
acunas la noche y tu acabamiento
derroca las veletas y los pájaros.
Tu voz entra en el aire
como el temblor de un moribundo,
marcando músicas celestes
que terminan en miedo.
La noche de fusiles y de fardes,
despliegan mi memoria a tus jardines.
Pero tu consiencia es de loto
y galopas al son de lo umbrío,
paralela a las olas,
oblicuo movimento con la luz verdadera.
Aplauden tus finales
con ruidos que glosan en vertientes funerarias.
¿No sientes frío de ti, de tu inasible flecha de suspiros,
de la rosa que soltó sus distancias en tu tierra?
Quien no sienta tu frio
que señale la primera llama.