Carlos Clemente Olivares
Poeta recién llegado
Vivir sumergido en un sueño profundo
soñando con aquello que no ha de suceder,
ILUSIONANDO,
volando por nuestras propias hiervas,
escupiendo el polvo de nuestras fauces y todo por culpa de ellos,
por esos que hundieron nuestra cara en el polvoroso suelo,
gracias a ellos que borraron las sonrisas de nuestras recuerdos.
En este mundo existe gente,
gente oculta tras un telón negro,
preparados para su función absuelta,
sosteniendo las vigas de sus almas
mientras otros gallardeen de sus haberes inciertos,
Y es por ellos que nos ocultamos en la incertidumbre
y aun cuando empuñamos la mano y la alzamos al viento
las gotas de zumo carcomen los celos
Y aun cuando la vida acabase
queda tatuada en nuestra conciencia
el despecho del cual tuvimos acto,
fue el guión de le escena eterna,
escrito con tinta indeleble,
en donde cuenta que ahora estamos muertos,
muertos en vida jugando a la existencia,
sin ser siquiera parte de ella,
como extras en esta función llamada vida,
que jugamos papeles importantes
pero no se nos menciona en las marquesinas,
porque no existimos para él público celeste.
soñando con aquello que no ha de suceder,
ILUSIONANDO,
volando por nuestras propias hiervas,
escupiendo el polvo de nuestras fauces y todo por culpa de ellos,
por esos que hundieron nuestra cara en el polvoroso suelo,
gracias a ellos que borraron las sonrisas de nuestras recuerdos.
En este mundo existe gente,
gente oculta tras un telón negro,
preparados para su función absuelta,
sosteniendo las vigas de sus almas
mientras otros gallardeen de sus haberes inciertos,
Y es por ellos que nos ocultamos en la incertidumbre
y aun cuando empuñamos la mano y la alzamos al viento
las gotas de zumo carcomen los celos
Y aun cuando la vida acabase
queda tatuada en nuestra conciencia
el despecho del cual tuvimos acto,
fue el guión de le escena eterna,
escrito con tinta indeleble,
en donde cuenta que ahora estamos muertos,
muertos en vida jugando a la existencia,
sin ser siquiera parte de ella,
como extras en esta función llamada vida,
que jugamos papeles importantes
pero no se nos menciona en las marquesinas,
porque no existimos para él público celeste.