Anna Politkóvskaya
Poeta fiel al portal
Las gentes amables como el calor del fuego
entretejen esperanza y paciencia.
Están las que transforman el miedo
a golpes de guitarra, cantando
que en los perros del amo no está la victoria,
o las que son muy atentas y levantan andamios
para evitar duras caídas o forman ríos
de caudal poderoso dirigiéndose
hacia algún palacio de invierno.
Pero hay angustia hecha de gente
que tropieza con el universo
y erige el poder de la muerte.
Basta, en estos casos, el desdén en los árboles
cuando el viento convoca a sus ráfagas más crueles
y gritarle al tiempo
que no enarbole su consigna de olvidar.
entretejen esperanza y paciencia.
Están las que transforman el miedo
a golpes de guitarra, cantando
que en los perros del amo no está la victoria,
o las que son muy atentas y levantan andamios
para evitar duras caídas o forman ríos
de caudal poderoso dirigiéndose
hacia algún palacio de invierno.
Pero hay angustia hecha de gente
que tropieza con el universo
y erige el poder de la muerte.
Basta, en estos casos, el desdén en los árboles
cuando el viento convoca a sus ráfagas más crueles
y gritarle al tiempo
que no enarbole su consigna de olvidar.
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