Waldo Anacruza
Poeta recién llegado
Gentiles hojas.
Gentiles, mis hojas
desgarran mis manos sensibles,
lentas como aguadas entre los mantos
que lloran la negra tinta de mis lamentos:
Querida,
¿cuántas arpas necesitas?
Cual canto de ángeles dorados
como para tocar el frío hierro de tu corazón.
Termina el silencio de mi llanto
que clama al cielo tus regresos.
Y se me eternizan las horas de tu partir
las sombras morenas de tus caricias
y las llagas incerrables de tus palabras,
inciertas, y mentiras.
Por el momento, mentiras.
Gentiles , mis hojas
me arrancan los ojos en cascadas lagrimosas
entremezcladas con sangre y melancolía
que manchan su pura blanqueza.
Quiéreme, destrozante ilusión mía
¡Quiéreme!
¿Cual será el orden divino,
que en sus caprichos me tortura?
Y tus miradas del antaño que me abrazaron como obsesión
me queman entre mis lagos, tus altares.
Aunque el frío eterno del otoño,
haga perderse a mis gentiles hojas,
mi historia se graba en sus pieles,
y rezo por el día en que toquen a tus puertas.
Gentiles, mis hojas
se entrelazan en forma de navaja,
cortan mi torso vacío, lleno de mariposas
y para nunca olvidarte, se clavan en mi alma.
Gentiles, mis hojas
desgarran mis manos sensibles,
lentas como aguadas entre los mantos
que lloran la negra tinta de mis lamentos:
Querida,
¿cuántas arpas necesitas?
Cual canto de ángeles dorados
como para tocar el frío hierro de tu corazón.
Termina el silencio de mi llanto
que clama al cielo tus regresos.
Y se me eternizan las horas de tu partir
las sombras morenas de tus caricias
y las llagas incerrables de tus palabras,
inciertas, y mentiras.
Por el momento, mentiras.
Gentiles , mis hojas
me arrancan los ojos en cascadas lagrimosas
entremezcladas con sangre y melancolía
que manchan su pura blanqueza.
Quiéreme, destrozante ilusión mía
¡Quiéreme!
¿Cual será el orden divino,
que en sus caprichos me tortura?
Y tus miradas del antaño que me abrazaron como obsesión
me queman entre mis lagos, tus altares.
Aunque el frío eterno del otoño,
haga perderse a mis gentiles hojas,
mi historia se graba en sus pieles,
y rezo por el día en que toquen a tus puertas.
Gentiles, mis hojas
se entrelazan en forma de navaja,
cortan mi torso vacío, lleno de mariposas
y para nunca olvidarte, se clavan en mi alma.