Gerardo Diego

lluvia de enero

Simplemente mujer
Gerardo Diego

Gerardo Diego Cendoya (1896-1987), poeta, miembro destacado de la generación del 27, de obra abundante y de gran honestidad literaria, nació en Santander.
Simultaneó sus estudios de bachillerato con los de piano y llegó a ser un consumado pianista.
Se doctoró en Filosofía y Letras en la Universidad de Deusto (Bilbao) y en 1920 obtuvo una cátedra de instituto y publicó su primer libro de poemas.
Su compañero de estudios universitarios fue Juan Larrea. Ambos poetas acabarían convirtiéndose en los dos máximos representantes, en España, del creacionismo.
Fue elegido, por unanimidad, miembro de la Real Academia Española en 1947. Volvió a obtener el Premio Nacional de Literatura en 1956, que ya había ganado en 1925. En 1979 se le concedió el Premio Cervantes.
Murió en Madrid en 1987.

OBRA POÉTICA

Cuando Gerardo Diego llegó a Madrid se quedó fascinado por el Creacionismo de Vicente Huidobro (1893-1948): crear, con el arte, un mundo propio en el que no tenía nada que decir la lógica del mundo real. Al mismo tiempo, siguió escribiendo una poesía clásica de admirable perfección formal. No fue primero clásico, luego moderno, después otra vez clásico, etc.: fue clásico y vanguardista a la vez.

Es el poeta de doble vertiente: poeta humano y poeta deshumanizado. Es el poeta del amor humano, del paisaje de las tierra de Castilla y de los campos de Soria (influenciado por Antonio Machado), es el poeta de la emoción cordial. Al mismo tiempo, es el poeta creacionista, de solución arbitraria, de elaboración consciente del idioma y de la forma. Esta duplicidad de Gerardo Diego fue mal comprendida por aquellos que entendía el vanguardismo como etapa definitiva y no como episodio literario. Es quizás típico del vanguardismo de entonces ese jugueteo con la poesía, pero, al mismo tiempo, la resistencia a no perder la autenticidad.

Gerardo Diego fue partícipe junto con Juan Larrea del ultraísmo. Su poesía sigue en una primera etapa los derroteros de la tradición, para hacerse después un avanzado vanguardista: “Yo no soy responsable de que me atraigan simultáneamente el campo y la ciudad, la tradición y el futuro; de que me encante el arte nuevo y me extasíe el antiguo; de que me vuelva loco la retórica hecha, y me torne más loco el capricho de volver a hacérmela –nueva– para mi uso personal e intransferible”.
Para la crítica, la mayor importancia de Gerardo Diego reside en su obra vanguardista. Él mismo se desmarca del surrealismo y el ultraísmo. La crítica lo presenta como un poeta creacionista.
Pero su obra poética mantiene un carácter unitario. Utiliza con frecuencia el romance, lo que indica influencia del Juan Ramón Jiménez primero, considerado uno de los grandes maestros por los poetas más jóvenes.
A lo largo de toda su carrera literaria, esta afición a la música se haría notar en la belleza rítmica y sonora de sus versos.
Sus poemarios más notables dentro de la línea clásica o tradicional son: El romancero de la novia (1918), Soria (1923), Versos humanos (1925), Ángeles de Compostela (1940), Alondra de verdad (1941), Sonetos a Violante (1961), Mi Santander, mi cuna, mi palabra (1961) y La suerte o la muerte (1963).
Sus principales libros vanguardistas son: Imagen (1922), Manual de espumas (1924) y Limbo (1951).

Gerardo Diego permaneció fiel a su inspiración primera, a pesar de los diferentes estilos que intentó. Su disciplina, objetividad y autenticidad pura le hacen ser un clásico. Es un auténtico poeta. Aunque no tiene un mensaje interior que comunicar, es un gran maestro de la expresión. Muestra la lucha dialéctica entre la búsqueda de la autenticidad y la búsqueda de una poesía pura, pero de valores humanos: la vertiente tradicional humana y la moderna vanguardista deshumanizada. Ambas vertientes corren paralelas en él.

Biografía: http://hispanoteca.eu/Literatura española/Generación del 27/Gerardo Diego Cendoya.htm



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CONTINUIDAD

Las campanas en flor
no se han hecho para los senos de oficina
ni el tallo esbelto de los lápices
remata en cáliz de condescendencia
La presencia de la muerte
se hace cristal de roca discreta
para no estorbar
el intenso olor a envidia joven
que exhalan los impermeables

Y yo quiero romper a hablar a hablar
en palabras de nobles
agujeros dominó del destino
Yo quiero hacer del eterno futuro
un limpio solo de clarinete
con opción al aplauso
que salga y entre libremente
por mis intersticios de amor y de odio
que se prolongue en el aire y más allá del aire
con intenso reflejo en jaspe de conciencias

Ahora que van a caer oblicuamente
las últimas escamas de los llantos errantes
ahora que puedo descorrer la lluvia
y sorprender el beso tiernísimo
de las hojas y el buen tiempo
ahora que las miradas de hembra y macho
chocan sonoramente y se hacen trizas
mientras aguzan los árboles sus orejas de lobo
dejadme salir en busca de mis guantes
perdidos en un desmayo de cielo
acostumbrado a mudar de pechera

La vida es favorable al viento
y el viento propicio al claro ascendiente
de los frascos de esencia
y a la iluminación transversal de mis dedos
Un álbum de palomas rumoroso a efemérides
me persuade al empleo selecto
de las uñas bruñidas
Transparencia o reflejo
el amor diafaniza y viaja sin billete
de alma a alma o de cuerpo a cuerpo
según todas las reglas que la mecánica canta

Ciertamente las campanas maduras
no saben que se cierran como los senos
de oficina
cuando cae el relente
ni el tallo erguido de los lápices
comprende que ha llegado
el momento de coronarse de gloria
Pero yo sí lo sé
y porque lo sé lo canto ardientemente
Los dioses los dioses miradlos han vuelto
sin una sola cicatriz en la frente.


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COLUMPIO


A caballo en el quicio del mundo
un soñador jugaba al sí y al no

Las lluvias de colores
emigraban al país de los amores

Bandadas de flores

Flores de sí

Flores de no


Cuchillos en el aire
que le rasgan las carnes
forman un puente



No


Cabalgaba el soñador
Pájaros arlequines

cantan el sí



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