kalkbadan
Poeta que considera el portal su segunda casa
Seguidamente se glosan los cuatro versos siguientes, obra del poeta Andrés Eloy Blanco, mediante cuatro décimas.
Yo te sembré en aquel puerto
junto al barco pescador
y desde aquella mañana
te quiero como a un adiós.
Andrés Eloy Blanco
Parte I: Efraín
Parte II: Kalkbadan
PARTE I: AQUELLA MAÑANA; EL AMOR
(I)
Clara luz de la mañana
y cantos de aves marinas,
entre brisas matutinas
me dan la gracia temprana.
Tu boca color de grana,
me enfría y me deja yerto
pero al saberme despierto
siento cerca tu candor
pues con un inmenso amor
yo te sembré en aquel puerto.
(II)
Y te sembré en justa orilla
adornando la ribera,
con la gracia lisonjera
de tu belleza sencilla.
Como la fruta amarilla
de aquellos mangos en flor,
por eso amarré este amor
para que así tú te quedes
enredada entre las redes
junto al barco pescador.
PARTE II: AQUELLA MAÑANA... EL ADIÓS
Las tardes son mi quebranto
platea el mar nuestro sol,
borracho bajo el farol
las mismas coplas te canto.
Mi niña, te quise tanto...
¡por qué te embrujó la nana
de las tristes caracolas!
Te busco, amor, por las olas,
cada noche en la bocana...
y desde aquella mañana.
Zarpé dejando en la estela
tu gesto absorto, sin vida,
la mano alzaste transida,
allí quedó mi mozuela...
Cien madrugadas en vela
gimieron en tu trasdós.
Te vieron sola remar
una tarde en alta mar;
mi vida se fue con vos,
te quiero como a un adiós.
Mayo, 2012
Parte II: Kalkbadan
PARTE I: AQUELLA MAÑANA; EL AMOR
(I)
Clara luz de la mañana
y cantos de aves marinas,
entre brisas matutinas
me dan la gracia temprana.
Tu boca color de grana,
me enfría y me deja yerto
pero al saberme despierto
siento cerca tu candor
pues con un inmenso amor
yo te sembré en aquel puerto.
(II)
Y te sembré en justa orilla
adornando la ribera,
con la gracia lisonjera
de tu belleza sencilla.
Como la fruta amarilla
de aquellos mangos en flor,
por eso amarré este amor
para que así tú te quedes
enredada entre las redes
junto al barco pescador.
PARTE II: AQUELLA MAÑANA... EL ADIÓS
Las tardes son mi quebranto
platea el mar nuestro sol,
borracho bajo el farol
las mismas coplas te canto.
Mi niña, te quise tanto...
¡por qué te embrujó la nana
de las tristes caracolas!
Te busco, amor, por las olas,
cada noche en la bocana...
y desde aquella mañana.
Zarpé dejando en la estela
tu gesto absorto, sin vida,
la mano alzaste transida,
allí quedó mi mozuela...
Cien madrugadas en vela
gimieron en tu trasdós.
Te vieron sola remar
una tarde en alta mar;
mi vida se fue con vos,
te quiero como a un adiós.
Mayo, 2012
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