kalkbadan
Poeta que considera el portal su segunda casa
Se presentan dos sonetos glosando cada uno de ellos como primer verso, dos versos incluidos en los poemas Soledad I y Soledad II respectivamente, del genial maestro Luis de Góngora
SOLEDADES
Soneto I
Era del año la estación florida.
—Pulsos acuosos, y las ninfas vuelan,
chispas de aljófar en tu tinta rielan,
y nace un náufrago... la propia vida—
Qué desnudos vagamos en la huida.
Soledades que al cosmos interpelan
mil porqués; las estrellas no consuelan
allá en su extensa noche indefinida.
Lapso conjetural, vacío blanco.
Tú seguiste, poeta, el gris plañir
de las dudas, y siempre fuiste franco
con tu Arte herido: ¡eterno es el sentir
al filo del cantil de tu barranco!
La muerte de la estela al existir.
Soneto II
Éntrase al mar por un arroyo breve.
Por un arroyo breve y sin escollo
se entraba al mar, y hoy aquel arroyo
es un sucio albañal, y no se mueve
en el caudal un pez. Ya no conmueve
que alguien escriba Soledades. Rollo
encontrado en Mar Muerto sin apoyo
del Vaticano. Porque ¿quién se atreve
a componer sobre el papiro en blanco?
¿apócrifa herejía? Hay un barranco.
Hay un pez —un pez muerto—en una jaula.
Una muleta, por favor, un zanco.
¿De qué color era el caballo blanco?
Salga, maestro, por favor, del aula.
Soneto I
Era del año la estación florida.
—Pulsos acuosos, y las ninfas vuelan,
chispas de aljófar en tu tinta rielan,
y nace un náufrago... la propia vida—
Qué desnudos vagamos en la huida.
Soledades que al cosmos interpelan
mil porqués; las estrellas no consuelan
allá en su extensa noche indefinida.
Lapso conjetural, vacío blanco.
Tú seguiste, poeta, el gris plañir
de las dudas, y siempre fuiste franco
con tu Arte herido: ¡eterno es el sentir
al filo del cantil de tu barranco!
La muerte de la estela al existir.
Soneto II
Éntrase al mar por un arroyo breve.
Por un arroyo breve y sin escollo
se entraba al mar, y hoy aquel arroyo
es un sucio albañal, y no se mueve
en el caudal un pez. Ya no conmueve
que alguien escriba Soledades. Rollo
encontrado en Mar Muerto sin apoyo
del Vaticano. Porque ¿quién se atreve
a componer sobre el papiro en blanco?
¿apócrifa herejía? Hay un barranco.
Hay un pez —un pez muerto—en una jaula.
Una muleta, por favor, un zanco.
¿De qué color era el caballo blanco?
Salga, maestro, por favor, del aula.
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Soneto II —> Efraín
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