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González, Cernuda y Carver

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Esporádico permanente
Mientras tú existas...
Ángel González, 1925 Oviedo España - 2008 Madrid España.
Premios: Adonais 1956, Princesa de Asturias 1985, Internacional Salerno 1991, Internacional Federico García Lorca 2004)


Mientras tú existas,
mientras mi mirada
te busque más allá de las colinas,
mientras nada
me llene el corazón,
si no es tu imagen, y haya
una remota posibilidad de que estés viva
en algún sitio, iluminada
por una luz cualquiera...
Mientras
yo presienta que eres y te llamas
así, con ese nombre tuyo
tan pequeño,
seguiré como ahora, amada
mía,
transido de distancia,
bajo ese amor que crece y no se muere,
bajo ese amor que sigue y nunca acaba.

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Cómo llenarte, soledad
Luis Cernuda, 1902 Sevilla España - 1963 Cdad de México México.
Premios: Lambda 2004.


Cómo llenarte, soledad,
sino contigo misma...

De niño, entre las pobres guaridas de la tierra,
quieto en ángulo oscuro,
buscaba en ti, encendida guirnalda,
mis auroras futuras y furtivos nocturnos,
y en ti los vislumbraba,
naturales y exactos, también libres y fieles,
a semejanza mía,
a semejanza tuya, eterna soledad.

Me perdí luego por la tierra injusta
como quien busca amigos o ignorados amantes;
diverso con el mundo,
fui luz serena y anhelo desbocado,
y en la lluvia sombría o en el sol evidente
quería una verdad que a ti te traicionase,
olvidando en mi afán
cómo las alas fugitivas su propia nube crean.

Y al velarse a mis ojos
con nubes sobre nubes de otoño desbordado
la luz de aquellos días en ti misma entrevistos,
te negué por bien poco;
por menudos amores ni ciertos ni fingidos,
por quietas amistades de sillón y de gesto,
por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma,
por los viejos placeres prohibidos
como los permitidos nauseabundos,
útiles solamente para el elegante salón susurrado,
en bocas de mentira y palabras de hielo.

Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona
que yo fui,
que yo mismo manché con aquellas juveniles traiciones;
por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos,
limpios de otro deseo,
el sol, mi dios, la noche rumorosa,
la lluvia, intimidad de siempre,
el bosque y su alentar pagano,
el mar, el mar como su nombre hermoso;
y sobre todo ellos,
cuerpo oscuro y esbelto,
te encuentro a ti, tú, soledad tan mía,
y tú me das fuerza y debilidad
como el ave cansada los brazos de la piedra.

Acodado al balcón miro insaciable el oleaje,
oigo sus oscuras imprecaciones,
contemplo sus blancas caricias;
y erguido desde cuna vigilante
soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los hombres,
por quienes vivo, aún cuando no los vea;
y así, lejos de ellos,
ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres,
roncas y violentas como el mar, mi morada,
puras ante la espera de una revolución ardiente
o rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo
cuando toca la hora de reposo que su fuerza conquista.

Tú, verdad solitaria,
transparente pasión, mi soledad de siempre,
eres inmenso abrazo;
el sol, el mar,
la oscuridad, la estepa,
el hombre y su deseo,
la airada muchedumbre,
¿qué son sino tú misma?

Por ti, mi soledad, los busqué un día;
en ti, mi soledad, los amo ahora.


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MIEDO
Raymond Carver, 1938 Oregon USA - 1988 Washington USA.
Premios: 5 O. Henry, beca Guggenheim, beca Stegner, nominado al Pulitzer, finalista premio nacional del libro.


Miedo de ver un coche de policía en la entrada de casa.
Miedo de quedarme dormido de noche.
Miedo de no quedarme dormido.
Miedo del pasado que resurge.
Miedo del futuro que despega.
Miedo del teléfono que suena en mitad de la noche.
Miedo de las tormentas eléctricas.
¡Miedo de la mujer de la limpieza con un grano en la mejilla!
Miedo de perros que me han dicho que no muerden.
¡Miedo de la ansiedad!
Miedo de tener que identificar el cuerpo de un amigo muerto.
Miedo de quedarme sin dinero.
Miedo de tener demasiado, aunque la gente no se lo creerá.
Miedo de los perfiles psicológicos.
Miedo de llegar tarde y miedo de llegar antes que nadie.
Miedo de la letra de mis hijos en sobres.
Miedo de que mueran antes que yo y que me sienta culpable.
Miedo de tener que vivir con mi madre en su vejez y la mía.
Miedo de la confusión.
Miedo de que este día acabe de forma infeliz.
Miedo de despertarme y ver que te has ido.
Miedo de no amar y miedo de no amar lo suficiente.
Miedo de que lo que yo amo sea letal para quienes amo.
Miedo de la muerte.
Miedo de vivir demasiado.
Miedo de la muerte.
Eso ya lo he dicho.
 
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