Gota de sal

Paula Varela

Miembro del Jurado

Todo el año hace frío en Buenos Aires
no se bebe café

se extinguió el amor
(quedan los hoyos en las paredes)
se extinguió la memoria

del cielo llueven agujas en esta ciudad,
el piso es de goma agrietada,
las calles refractan la angustia
que hace descomponer nuestros pies

hay soledad en las voces,
en la ignorancia,
en los abrazos

todos los días tomamos el tren,
nos hace llorar ese monótono vaivén

las noches llegan inmediatas entre nuestras renuncias
las fachadas nos golpean el rostro
con el paso del tiempo

cada vez más chicos han elegido
contener sus lágrimas en las calles
desfilan los miserables,
los misericordiosos,
los que dejaron de existir

mientras me quedo en silencio
(¿de qué otra forma?)
dentro de esta diminuta gota salada
hasta que un hombre,
al verme rodar por su áspera mejilla
me haga desaparecer con su lengua.
 

Todo el año hace frío en Buenos Aires
no se bebe café

se extinguió el amor
(quedan los hoyos en las paredes)
se extinguió la memoria

del cielo llueven agujas en esta ciudad,
el piso es de goma agrietada,
las calles refractan la angustia
que hace descomponer nuestros pies

hay soledad en las voces,
en la ignorancia,
en los abrazos

todos los días tomamos el tren,
nos hace llorar ese monótono vaivén

las noches llegan inmediatas entre nuestras renuncias
las fachadas nos golpean el rostro
con el paso del tiempo

cada vez más chicos han elegido
contener sus lágrimas en las calles
desfilan los miserables,
los misericordiosos,
los que dejaron de existir

mientras me quedo en silencio
(¿de qué otra forma?)
dentro de esta diminuta gota salada
hasta que un hombre,
al verme rodar por su áspera mejilla
me haga desaparecer con su lengua.

Muy impresionante, me ha impactado tu poema. Un abrazo. Dany.
 

Todo el año hace frío en Buenos Aires
no se bebe café

se extinguió el amor
(quedan los hoyos en las paredes)
se extinguió la memoria

del cielo llueven agujas en esta ciudad,
el piso es de goma agrietada,
las calles refractan la angustia
que hace descomponer nuestros pies

hay soledad en las voces,
en la ignorancia,
en los abrazos

todos los días tomamos el tren,
nos hace llorar ese monótono vaivén

las noches llegan inmediatas entre nuestras renuncias
las fachadas nos golpean el rostro
con el paso del tiempo

cada vez más chicos han elegido
contener sus lágrimas en las calles
desfilan los miserables,
los misericordiosos,
los que dejaron de existir

mientras me quedo en silencio
(¿de qué otra forma?)
dentro de esta diminuta gota salada
hasta que un hombre,
al verme rodar por su áspera mejilla
me haga desaparecer con su lengua.

Nos regalas un visión desesperanzada y hermosa de tu maravillosa ciudad. Un saludo.
 

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