Gozo

ATDRIEL

Poeta asiduo al portal
Yo veía su desnudez carnal y no la de su alma. Le toque el pelo tiernamente, baje por su mejilla hasta detenerme en su mandíbula, para luego besarla locamente. Sus pezones estaban erectos y los bese con delicadez. Mis manos no sabían que hacer con su cuerpo. Baje hasta su ombligo y la bese hasta llegar a su pelvis. Llegue hasta sus finos muslos y acabe en sus delicados pies. Hasta que me dijo: “Estoy lista, hazme tuya.” Se acomodo y suavemente sintió que mi carne entraba en su carne. Daba gritos de placer y yo no me detenía. Y la desnudez de su alma afloró cuando se sintió un grito desgarrador: era un orgasmo, el grito que se liberaba del cuerpo, para mostrarse tal cual moraba en su interior. Y su alma desnuda se apodero de mí, desnudándola también a la mía: llegué al orgasmo.
 
Yo veía su desnudez carnal y no la de su alma. Le toque el pelo tiernamente, baje por su mejilla hasta detenerme en su mandíbula, para luego besarla locamente. Sus pezones estaban erectos y los bese con delicadez. Mis manos no sabían que hacer con su cuerpo. Baje hasta su ombligo y la bese hasta llegar a su pelvis. Llegue hasta sus finos muslos y acabe en sus delicados pies. Hasta que me dijo: “Estoy lista, hazme tuya.” Se acomodo y suavemente sintió que mi carne entraba en su carne. Daba gritos de placer y yo no me detenía. Y la desnudez de su alma afloró cuando se sintió un grito desgarrador: era un orgasmo, el grito que se liberaba del cuerpo, para mostrarse tal cual moraba en su interior. Y su alma desnuda se apodero de mí, desnudándola también a la mía: llegué al orgasmo.
Una pasion detenida en ese entrega comun, el acto de ese amor par comulgar en la
experiencia de esa unidad balsamica que aventa arropado instinto. bella obra.
saludos intensos de luzyabsenta
 
Yo veía su desnudez carnal y no la de su alma. Le toque el pelo tiernamente, baje por su mejilla hasta detenerme en su mandíbula, para luego besarla locamente. Sus pezones estaban erectos y los bese con delicadez. Mis manos no sabían que hacer con su cuerpo. Baje hasta su ombligo y la bese hasta llegar a su pelvis. Llegue hasta sus finos muslos y acabe en sus delicados pies. Hasta que me dijo: “Estoy lista, hazme tuya.” Se acomodo y suavemente sintió que mi carne entraba en su carne. Daba gritos de placer y yo no me detenía. Y la desnudez de su alma afloró cuando se sintió un grito desgarrador: era un orgasmo, el grito que se liberaba del cuerpo, para mostrarse tal cual moraba en su interior. Y su alma desnuda se apodero de mí, desnudándola también a la mía: llegué al orgasmo.
Es un gozo y un placer, verte por aquí, con tus palabras escritas
Un besote
 

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