Solsticio de primavera
Poeta fiel al portal
GRAZNIDO.
mas allá de lo que escribamos, nosotros,
nueva generación de poetas,
más allá de las locas y fortuitas
manifestaciones de nuestro ser,
la más larga y extraña poesía será
la que insinuemos al andar
poetas no somos por nuestros grafos,
mas si por nuestros pasos,
entonces yo,
salgo cinco días a la semana a trabajar,
ocho horas en un estudio jurídico
y mientras tanto bailo y canto
y evoco a algún sol en algún lugar
mientras la gente, conociéndome,
sonríe.
luego, cansado del día laboral, salgo a
medianoche a hurtar
coles,
también tengo convenciones con roedores,
lo preocupante es capaz,
que estas no sean una metáfora
y sí mi realidad.
juego a la cartas algunos mediodías con mi abuela
para mantener su dispersa mente despierta,
y contamos oros, y siete de velos,
mientras miramos el jardín por la ventana,
y así nos amamos.
formo vínculos con los pastos intentando
apagar el antiguo fuego,
que siempre arde y consume.
otros días salgo por las calles oscuras
con una linda mujer de nombre
Analía, y a veces también,
despierto antes que ella en su lecho
y pienso que es lo más parecido
a una Idea platónica.
también me siento, cada tanto,
frente al ordenador
con mi dulce botella de Tía María
y mientras fumo
escribo algunas palabras.
hay veces, que el goce se hace mi amante,
volviéndome ilimitado,
volando de imagen a palabra,
de palabra a mi Imagen.
almuerzo, además, con mis padres cercanos días
y conversamos de literatura
a la vez que le lanzo,
sorpresivamente,
una arveja a la testa de Juan Manuel, mi hermano.
los fin de semanas trasmigro a varios cuerpos
viajando en bicicleta hacia el río
y allí, posiblemente,
se encuentre el espacio y la paz.
estudio algunas noches y juego al fútbol,
otras miro el cielo sin poder
expresar la belleza que veo.
y así transcurre la vida; una vez
fui a los burros y jugué
a la quiniela, una vez me tire de bungee
jumping, nadé con tiburones,
hice parapente,
y acompañe al shoping a una Idea,
escuché tangos con mi abuela,
entregué mi opinión a mi familia,
viajé a Europa, Centroamérica,
África,
y todas esas veces fui feliz.
escribí poemas abandonándolos
a la misma hora
el mismo día
y en la misma esquina
a su suerte,
me empeciné en encontrar
un girasol
en invierno,
y gasté la mitad de mi sueldo
en el bar de la esquina.
recomendé algún libro a algún amigo
que sé, jamás leerá,
me colé en fábricas abandonadas
y en colegios
por la noche
con el único fin de hacer una torre
de sillas en su comedor,
tomé el té escuchando a Mozart
mirando el río por el tragaluz,
conversé con los árboles
y confundí a los pájaros luminosos
con aviones
o autobuses de butano.
muchas veces me enamoré pero
siempre fue, para mí,
la primera vez,
cada tanto se me acaban lo cigarrillos
y las ganas de buscar,
mas siempre un coleóptero lujurioso
me incita a correr.
otras veces luché en Camboya
contra las avispas
de metal, y usé metáforas similares
para expresarme
sin miedo a que me comprendan bien.
entregué mi alma a la vida y al albur
y algunas personas
me supieron descubrir,
baleé como un cordero
y caminé como un tigre sobre el mar mas
de todas estas vivencias
nada aprendí,
la única lección fue la de saberme ignaro
y aprender a escuchar.
y sí, esto también, ah, y a no prejuzgar.
tomé mates y fui al doctor, me descubrieron
secuelas
y anduve, mal que bien,
en la escuela,
me gradué en el Instituto Ballester
y un director de apellido
Buriano
y una docente, Frau Freitag,
supieron respaldarme y creer que podía salir.
me internaron en un psiquiátrico
una vez
y por esa gente también, hoy,
sé aprender.
viví en la plaza en casas de ocupas alquilé
un departamento en Ballester
me mantuvieron mis amigos
y ahora, también, aprendí,
gracias a ellos, a compartir.
nunca me faltó nada y gracias a la
imaginación
y al brutal Mundo
supe que nada a un sueño lo puede detener.
perdí mi pequeña fortuna en el Casino
pero la gané
en algunos corazones,
supe disfrutar tanto del caviar
como de un tomate con miel,
y estando agradecido por la vida a nadie repliqué.
fui un gran deportista en mi infancia
y en la adolescencia,
formamos nuestro pequeño grupo beat,
y jugamos en las grandes ligas
y escuchamos a Monk, Parker,
Davis, y el cold y el bebop,
nadamos entre un líquido espeso
y en la carretera
vimos una dama dorada
llamándonos hacia la eternidad.
todo esto fue mi vida hasta que un
hortelano me besó el corazón.
mas de allí hasta ahora todo cambió.
sigo siendo el mismo acicalado alfil que
entregándose a la turba
defiende a un peón;
la vida es una locura,
y mientras la veo
en su apopléjica cajita
musical
estoy viviéndola y creciendo junto
a la memoria
y al nuevo día que estalla
como un elefante
o un nenúfar
sobre el liviano límite de la incierta incidencia.
y será por eso quizás, que aunque
este poema sea una mierda,
poco me importa de verdad,
pues teniendo una vida tan emocionante
y liberada,
posiblemente nunca poseeré de la historia
la inmortalidad
pero sí el sustento, el néctar de la vida
y el recuerdo
graznando, en silencio, sin eco, dentro mío, como el Inmemorial Rey de los Patos.
mas allá de lo que escribamos, nosotros,
nueva generación de poetas,
más allá de las locas y fortuitas
manifestaciones de nuestro ser,
la más larga y extraña poesía será
la que insinuemos al andar
poetas no somos por nuestros grafos,
mas si por nuestros pasos,
entonces yo,
salgo cinco días a la semana a trabajar,
ocho horas en un estudio jurídico
y mientras tanto bailo y canto
y evoco a algún sol en algún lugar
mientras la gente, conociéndome,
sonríe.
luego, cansado del día laboral, salgo a
medianoche a hurtar
coles,
también tengo convenciones con roedores,
lo preocupante es capaz,
que estas no sean una metáfora
y sí mi realidad.
juego a la cartas algunos mediodías con mi abuela
para mantener su dispersa mente despierta,
y contamos oros, y siete de velos,
mientras miramos el jardín por la ventana,
y así nos amamos.
formo vínculos con los pastos intentando
apagar el antiguo fuego,
que siempre arde y consume.
otros días salgo por las calles oscuras
con una linda mujer de nombre
Analía, y a veces también,
despierto antes que ella en su lecho
y pienso que es lo más parecido
a una Idea platónica.
también me siento, cada tanto,
frente al ordenador
con mi dulce botella de Tía María
y mientras fumo
escribo algunas palabras.
hay veces, que el goce se hace mi amante,
volviéndome ilimitado,
volando de imagen a palabra,
de palabra a mi Imagen.
almuerzo, además, con mis padres cercanos días
y conversamos de literatura
a la vez que le lanzo,
sorpresivamente,
una arveja a la testa de Juan Manuel, mi hermano.
los fin de semanas trasmigro a varios cuerpos
viajando en bicicleta hacia el río
y allí, posiblemente,
se encuentre el espacio y la paz.
estudio algunas noches y juego al fútbol,
otras miro el cielo sin poder
expresar la belleza que veo.
y así transcurre la vida; una vez
fui a los burros y jugué
a la quiniela, una vez me tire de bungee
jumping, nadé con tiburones,
hice parapente,
y acompañe al shoping a una Idea,
escuché tangos con mi abuela,
entregué mi opinión a mi familia,
viajé a Europa, Centroamérica,
África,
y todas esas veces fui feliz.
escribí poemas abandonándolos
a la misma hora
el mismo día
y en la misma esquina
a su suerte,
me empeciné en encontrar
un girasol
en invierno,
y gasté la mitad de mi sueldo
en el bar de la esquina.
recomendé algún libro a algún amigo
que sé, jamás leerá,
me colé en fábricas abandonadas
y en colegios
por la noche
con el único fin de hacer una torre
de sillas en su comedor,
tomé el té escuchando a Mozart
mirando el río por el tragaluz,
conversé con los árboles
y confundí a los pájaros luminosos
con aviones
o autobuses de butano.
muchas veces me enamoré pero
siempre fue, para mí,
la primera vez,
cada tanto se me acaban lo cigarrillos
y las ganas de buscar,
mas siempre un coleóptero lujurioso
me incita a correr.
otras veces luché en Camboya
contra las avispas
de metal, y usé metáforas similares
para expresarme
sin miedo a que me comprendan bien.
entregué mi alma a la vida y al albur
y algunas personas
me supieron descubrir,
baleé como un cordero
y caminé como un tigre sobre el mar mas
de todas estas vivencias
nada aprendí,
la única lección fue la de saberme ignaro
y aprender a escuchar.
y sí, esto también, ah, y a no prejuzgar.
tomé mates y fui al doctor, me descubrieron
secuelas
y anduve, mal que bien,
en la escuela,
me gradué en el Instituto Ballester
y un director de apellido
Buriano
y una docente, Frau Freitag,
supieron respaldarme y creer que podía salir.
me internaron en un psiquiátrico
una vez
y por esa gente también, hoy,
sé aprender.
viví en la plaza en casas de ocupas alquilé
un departamento en Ballester
me mantuvieron mis amigos
y ahora, también, aprendí,
gracias a ellos, a compartir.
nunca me faltó nada y gracias a la
imaginación
y al brutal Mundo
supe que nada a un sueño lo puede detener.
perdí mi pequeña fortuna en el Casino
pero la gané
en algunos corazones,
supe disfrutar tanto del caviar
como de un tomate con miel,
y estando agradecido por la vida a nadie repliqué.
fui un gran deportista en mi infancia
y en la adolescencia,
formamos nuestro pequeño grupo beat,
y jugamos en las grandes ligas
y escuchamos a Monk, Parker,
Davis, y el cold y el bebop,
nadamos entre un líquido espeso
y en la carretera
vimos una dama dorada
llamándonos hacia la eternidad.
todo esto fue mi vida hasta que un
hortelano me besó el corazón.
mas de allí hasta ahora todo cambió.
sigo siendo el mismo acicalado alfil que
entregándose a la turba
defiende a un peón;
la vida es una locura,
y mientras la veo
en su apopléjica cajita
musical
estoy viviéndola y creciendo junto
a la memoria
y al nuevo día que estalla
como un elefante
o un nenúfar
sobre el liviano límite de la incierta incidencia.
y será por eso quizás, que aunque
este poema sea una mierda,
poco me importa de verdad,
pues teniendo una vida tan emocionante
y liberada,
posiblemente nunca poseeré de la historia
la inmortalidad
pero sí el sustento, el néctar de la vida
y el recuerdo
graznando, en silencio, sin eco, dentro mío, como el Inmemorial Rey de los Patos.
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