Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Grietas ácidas queman en el desierto
arde calor que se moja en mi interior,
árida sed recorre la garganta
ahogando la ansiedad hasta hace un rato una manzana.
Grietas secas metidas en el agujero
ennegrecen el alrededor
y mi visión no ve más allá que las pupilas negras
dejando al intemperie la sensación
de saber la nada toco,
provocando vacíos en mis flatulentas nauseas.
Grutas pálidas se pasean por el manzanal
enrareciendo el aire profundo que inhalo
trato de asirme fuerte de una cremallera,
para abrir las ruinas de los sueños,
que se han querido hospedar después de las llagas.
Mármol y asfalto se quejan desde la ciudad
hoy colmadas de bicharracos,
que pululan sin destino ni caridad,
van dejando estelas pegajosas,
facilitando la inmovilidad que ásperas se hieren.
Claro oscuro junto al precipicio
incitan a dar el paso sobre la fisura,
se congela el pie en el vacío
y estremezco sabiendo me atrevo
a no quedarme quieto en esta orbe
tan repletas de amparo y mágicas falacias.
Tirita mi estomago por salir del seguro desierto
que rodea la seguridad donde se extiende la morada
más el grisáceo rictus de muecas en mi rostro
detienen el paso que intento,
temo ver el arco iris que sé está al otro lado de la calle
al otro lado de la grieta ,
que hace un largo tiempo enmudece mi llamarada.
arde calor que se moja en mi interior,
árida sed recorre la garganta
ahogando la ansiedad hasta hace un rato una manzana.
Grietas secas metidas en el agujero
ennegrecen el alrededor
y mi visión no ve más allá que las pupilas negras
dejando al intemperie la sensación
de saber la nada toco,
provocando vacíos en mis flatulentas nauseas.
Grutas pálidas se pasean por el manzanal
enrareciendo el aire profundo que inhalo
trato de asirme fuerte de una cremallera,
para abrir las ruinas de los sueños,
que se han querido hospedar después de las llagas.
Mármol y asfalto se quejan desde la ciudad
hoy colmadas de bicharracos,
que pululan sin destino ni caridad,
van dejando estelas pegajosas,
facilitando la inmovilidad que ásperas se hieren.
Claro oscuro junto al precipicio
incitan a dar el paso sobre la fisura,
se congela el pie en el vacío
y estremezco sabiendo me atrevo
a no quedarme quieto en esta orbe
tan repletas de amparo y mágicas falacias.
Tirita mi estomago por salir del seguro desierto
que rodea la seguridad donde se extiende la morada
más el grisáceo rictus de muecas en mi rostro
detienen el paso que intento,
temo ver el arco iris que sé está al otro lado de la calle
al otro lado de la grieta ,
que hace un largo tiempo enmudece mi llamarada.