El sórdido cántico fluyó en su garganta
brotando siluetas impiadosas girando al compás.
El cielo se vistió de mar impalpable
y se adornaron las gaviotas de quejidos ambulantes.
Volviendo a casa se tornó dudosa la existencia
y el camino se bifurcaba hacia el infinito.
Sus ojos destellaron amaneceres olvidados
y sus lágrimas oscurecieron la tierra seca.
Ya sus manos yacían arraigadas a su centro,
en sí mismo se imploraba respirar el alivio.
Cayó como un guerrero viciado de gloria
y coronó la ausencia con su sonrisa borrada.
El nuevo día acarició su blanda mirada,
el horizonte lo alentó a proclamar su victoria.
Había cedido si impaciencia implacable.
Y de su alma destelló luz armónica.
Ámbar del sol nacido en su vientre.
Volando por los campos colonizados.
El paraíso proclamaba su presencia
con el silencio de la muerte adyacente.
Sacrificó su esencia para que el mundo supiera
y se abasteciera de su orgullo cambiado.
El guerrero de luz ha hablado
entre las desquicias de mi mente mundana...
brotando siluetas impiadosas girando al compás.
El cielo se vistió de mar impalpable
y se adornaron las gaviotas de quejidos ambulantes.
Volviendo a casa se tornó dudosa la existencia
y el camino se bifurcaba hacia el infinito.
Sus ojos destellaron amaneceres olvidados
y sus lágrimas oscurecieron la tierra seca.
Ya sus manos yacían arraigadas a su centro,
en sí mismo se imploraba respirar el alivio.
Cayó como un guerrero viciado de gloria
y coronó la ausencia con su sonrisa borrada.
El nuevo día acarició su blanda mirada,
el horizonte lo alentó a proclamar su victoria.
Había cedido si impaciencia implacable.
Y de su alma destelló luz armónica.
Ámbar del sol nacido en su vientre.
Volando por los campos colonizados.
El paraíso proclamaba su presencia
con el silencio de la muerte adyacente.
Sacrificó su esencia para que el mundo supiera
y se abasteciera de su orgullo cambiado.
El guerrero de luz ha hablado
entre las desquicias de mi mente mundana...