carlocarra
Poeta asiduo al portal
Guitarra No.1
Tibias romanzas sus caderas
y aljibes ocres las manos
que con afán le seducen,
tiene el rostro de rosa tristona
abrazándome un ojo con saudade,
acobijando con parsimonia el laberinto
de las escalinatas cuerdas,
la melancolía que emana
es como un retrato absorto
de un recuerdo inalcanzable,
no escatima caricias ni roces
solo su tibia piel ceñida a la mía,
como la primera vez que morí
entre sus mustias agonías,
hueso a hueso, punto a punto
verso a verso, rodando en sus maneras
de envolver con suave timbre
entre el pecho un susurro,
entre el alma una lágrima
que emerge como el fénix del fuego
ante el quieto remanso de mis viejas partidas.
Tibias romanzas sus caderas
y aljibes ocres las manos
que con afán le seducen,
tiene el rostro de rosa tristona
abrazándome un ojo con saudade,
acobijando con parsimonia el laberinto
de las escalinatas cuerdas,
la melancolía que emana
es como un retrato absorto
de un recuerdo inalcanzable,
no escatima caricias ni roces
solo su tibia piel ceñida a la mía,
como la primera vez que morí
entre sus mustias agonías,
hueso a hueso, punto a punto
verso a verso, rodando en sus maneras
de envolver con suave timbre
entre el pecho un susurro,
entre el alma una lágrima
que emerge como el fénix del fuego
ante el quieto remanso de mis viejas partidas.
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