lover
Poeta adicto al portal
HABITA LA NOCHE
Despierta la sombría noche aciaga
robando las migajas de la umbría,
atizando con besos de agonía
el otrora candil, que ya se apaga,
laten los cielos hartos de utopía
lloviznan llantos de melancolía
hastiando sauces con filosa daga,
la oscuridad hastía al sol lo traga.
Fallecen los heraldos de alma ciega,
tronando vientos tristes del hastío
machacando terrones del expío
con un dolor que regurgita y niega,
escuchad los lamentos del espío
tragando soledad sin calma y brío
del amante de luz que no se entrega
llorándole al dolor, el cielo ruega.
La cólera y demonios lo fustiga
en vasijas del tinto amor ungido
brebaje con sabor a retorcido
con hieles achacosas cual intriga,
asoma ya la noche en un graznido
profundo, cual flagelo complacido
hiriendo las entrañas que castiga
sin compasión la calma que mitiga.
Niego la noche, repudio su abrigo
de borrasca negrura pervertida
siento su abismo acariciar mi vida,
abrazando los miedos que prodigo
respiro del horror que me lapida,
me toma de la mano ya teñida
del óbito suspiro que maldigo
al expiar en las fauces que mitigo.
Vencida yace mi alma despreciada
oculta de las piaras de agonía
y sueños húmedos por la herejía,
del existir en su aura ya olvidada
Mueren las tristes noches al nacer
con ella mi existencia sosegada,
robando las migajas de mi ser.
Despierta la sombría noche aciaga
robando las migajas de la umbría,
atizando con besos de agonía
el otrora candil, que ya se apaga,
laten los cielos hartos de utopía
lloviznan llantos de melancolía
hastiando sauces con filosa daga,
la oscuridad hastía al sol lo traga.
Fallecen los heraldos de alma ciega,
tronando vientos tristes del hastío
machacando terrones del expío
con un dolor que regurgita y niega,
escuchad los lamentos del espío
tragando soledad sin calma y brío
del amante de luz que no se entrega
llorándole al dolor, el cielo ruega.
La cólera y demonios lo fustiga
en vasijas del tinto amor ungido
brebaje con sabor a retorcido
con hieles achacosas cual intriga,
asoma ya la noche en un graznido
profundo, cual flagelo complacido
hiriendo las entrañas que castiga
sin compasión la calma que mitiga.
Niego la noche, repudio su abrigo
de borrasca negrura pervertida
siento su abismo acariciar mi vida,
abrazando los miedos que prodigo
respiro del horror que me lapida,
me toma de la mano ya teñida
del óbito suspiro que maldigo
al expiar en las fauces que mitigo.
Vencida yace mi alma despreciada
oculta de las piaras de agonía
y sueños húmedos por la herejía,
del existir en su aura ya olvidada
Mueren las tristes noches al nacer
con ella mi existencia sosegada,
robando las migajas de mi ser.
Última edición: