Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Aquí se refugiaron dos amantes
del recio azote de la lluvia;
dos exiliados del cielo lacustre,
inundado de estrellas muertas,
alcantarilla vil de futuras ciudades.
Entre las ramas de este aposento,
en los charcos azules de las paredes,
en el fondo profundo de la cama,
los arropé contra la gangrena,
los escondí de sus espectros.
Eran torpes aún, recién salidos
de la albumina del tiempo:
cerraban los ojos
para mirarse con las manos:
cada instante de distancia
era un precipicio;
pero la palabra, un puente;
y la llegada…
La boca les caminaba por el cuerpo,
besaban sus labios con las rodillas,
escarbaban sus desnudeces
buscando un manantial, un tañido,
y se ahogaban al alcanzar la orilla.
Señalaban un rayo, la luciérnaga
que los propagaba en la noche
como una sutil fosforescencia,
ramo de gatillos en el pecho derramado,
todo el resplandor,
entrañas exudadas al galope de los poros.
Entonces, las promesas,
la complicidad pactada de la memoria.
Los sueños los soñaron antes de dormirse.
Desaparecieron con el alba, escamparon.
La vela que dejaron encendida
los apagó de un soplo,
no duraron lo que el milenio de un pabilo
y sus ausencias dejaron de espéralos.
Solo yo no olvido
que aquí estuvieron dos amantes.
del recio azote de la lluvia;
dos exiliados del cielo lacustre,
inundado de estrellas muertas,
alcantarilla vil de futuras ciudades.
Entre las ramas de este aposento,
en los charcos azules de las paredes,
en el fondo profundo de la cama,
los arropé contra la gangrena,
los escondí de sus espectros.
Eran torpes aún, recién salidos
de la albumina del tiempo:
cerraban los ojos
para mirarse con las manos:
cada instante de distancia
era un precipicio;
pero la palabra, un puente;
y la llegada…
La boca les caminaba por el cuerpo,
besaban sus labios con las rodillas,
escarbaban sus desnudeces
buscando un manantial, un tañido,
y se ahogaban al alcanzar la orilla.
Señalaban un rayo, la luciérnaga
que los propagaba en la noche
como una sutil fosforescencia,
ramo de gatillos en el pecho derramado,
todo el resplandor,
entrañas exudadas al galope de los poros.
Entonces, las promesas,
la complicidad pactada de la memoria.
Los sueños los soñaron antes de dormirse.
Desaparecieron con el alba, escamparon.
La vela que dejaron encendida
los apagó de un soplo,
no duraron lo que el milenio de un pabilo
y sus ausencias dejaron de espéralos.
Solo yo no olvido
que aquí estuvieron dos amantes.
13 de septiembre de 2022