Madrugadas donde grita un sol negro,
donde se relevan las voces por el río,
y los cipreses pintan el cielo…
de esos nidos expandidos en una oscuridad de siete palos…
y nuestra ciudad, de lagartijas decorativas,
y diarios íntimos piratas…
de cafeterías amarillas,
y ladridos con orillas de hormigón...
del crujir de techos, con zapatos de leopardo;
de las buhardillas de bailarinas de papel,
y ese fondo sentimental del bosque…
hablaremos, a su debido trago,
de esos leones que llegaron, con sus colmillos de oro;
de las bondades que irradia esa muchacha, la de los símbolos alados…
de esos oasis, donde las palmeras ponían el huevo…
de nuestras evasiones por arquitecturas a racimos,
y oseras con lamparones...
del tacto de su respuesta,
en reflejos de ojos impensables…
de las palmadas que nos da el carrusel,
y los adagios , con los fermentos del paisaje más hondo…
del valor que nos colorea,
y esas manos, que abren esos salones, donde van a migrar los cisnes.
Goyo, 23 enero, 018. (Dedicado con cariño, a mi amiga Miren Edurne)
donde se relevan las voces por el río,
y los cipreses pintan el cielo…
de esos nidos expandidos en una oscuridad de siete palos…
y nuestra ciudad, de lagartijas decorativas,
y diarios íntimos piratas…
de cafeterías amarillas,
y ladridos con orillas de hormigón...
del crujir de techos, con zapatos de leopardo;
de las buhardillas de bailarinas de papel,
y ese fondo sentimental del bosque…
hablaremos, a su debido trago,
de esos leones que llegaron, con sus colmillos de oro;
de las bondades que irradia esa muchacha, la de los símbolos alados…
de esos oasis, donde las palmeras ponían el huevo…
de nuestras evasiones por arquitecturas a racimos,
y oseras con lamparones...
del tacto de su respuesta,
en reflejos de ojos impensables…
de las palmadas que nos da el carrusel,
y los adagios , con los fermentos del paisaje más hondo…
del valor que nos colorea,
y esas manos, que abren esos salones, donde van a migrar los cisnes.
Goyo, 23 enero, 018. (Dedicado con cariño, a mi amiga Miren Edurne)