¿Acaso de mis ojos tú te escondes?
Del olvido sus párpados presiento
se han tragado el bullicio de tu alma
y el verde del olivo.
He de mirarte cuando el sol naufrague
al absurdo poniente de mi espera
y enhebre sus cenizas al tardío
suspiro de la vida.
Otra vez los celajes de la tarde
hurtarán tus rubores como antaño
y, en un desliz, mi sombra de tu sombra
demandará cobijo.
Azuzará la noche los lebreles.
Gemirá. Nadie escuchará su llanto
y habrá de suicidarse en los relojes
el ángel de mis males.
Heredia, Costa Rica
Junio 14, 2020