Carlos Aristy
Poeta que considera el portal su segunda casa
Haciendo el amor nuevamente.
Yo quiero conjugarte con un nuevo tiempo,
porque mujer, deidad eterna, con todo tu simbolismo
a cuesta, te veo en cada poeta, con las mismas colinas
blancas por pechos desparramados, los valles que declinan
en pozos profundos, encarnados labios y cuellos de jirafa.
Si pudiera traerte a través del tiempo desde Sumaria,
en las orillas de tus ríos, hermosa, versátil y sabia.
Si pudiera arrancarte de tu jardín infinito,
y sentarme junto a ti a verme en el iris de tus ojos.
Conjugarte nuevamente bajo el frondoso framboyán
que nos protege del ardiente sol que te persigue,
enjuagarme en el olor intoxicante de tus flores
y aguardar el rito de amor prohíbido,
mientras me cepillo los dientes con agua de coco.
Traerte aquí, bajo mi árbol, rompiendo todas las leyes,
con la fruta dormida, en tus manos o entre tus piernas,
con todos los símbolos que tú arrastras para esta humanidad,
pobres hombres: la balanza del placer de las cosas prohíbidas,
la serpiente-madre que te quieres enroscar entre las piernas,
el ábaco cuenta gotas de los orgasmos ordenados,
el talego lleno de esdrújulas, de arcos y triángulos romanos,
las esferas brillantes que deletrean el futuro,
los racimos de uvas salvajes para los amantes incansables
y el jarabe que cura el desamor
que palpita entre las piernas de los hombres.
He aquí, mujer, que jamás serás nuevamente la misma.
No importa dónde ni frente a quien te desnudes.
Eres un espejo duplicado que se bifurca en su destello.
Conjugarte nuevamente sería mi fantasía,
esta vez te pones arriba, yo seré el sujeto y tú el verbo.
Yo quiero conjugarte con un nuevo tiempo,
porque mujer, deidad eterna, con todo tu simbolismo
a cuesta, te veo en cada poeta, con las mismas colinas
blancas por pechos desparramados, los valles que declinan
en pozos profundos, encarnados labios y cuellos de jirafa.
Si pudiera traerte a través del tiempo desde Sumaria,
en las orillas de tus ríos, hermosa, versátil y sabia.
Si pudiera arrancarte de tu jardín infinito,
y sentarme junto a ti a verme en el iris de tus ojos.
Conjugarte nuevamente bajo el frondoso framboyán
que nos protege del ardiente sol que te persigue,
enjuagarme en el olor intoxicante de tus flores
y aguardar el rito de amor prohíbido,
mientras me cepillo los dientes con agua de coco.
Traerte aquí, bajo mi árbol, rompiendo todas las leyes,
con la fruta dormida, en tus manos o entre tus piernas,
con todos los símbolos que tú arrastras para esta humanidad,
pobres hombres: la balanza del placer de las cosas prohíbidas,
la serpiente-madre que te quieres enroscar entre las piernas,
el ábaco cuenta gotas de los orgasmos ordenados,
el talego lleno de esdrújulas, de arcos y triángulos romanos,
las esferas brillantes que deletrean el futuro,
los racimos de uvas salvajes para los amantes incansables
y el jarabe que cura el desamor
que palpita entre las piernas de los hombres.
He aquí, mujer, que jamás serás nuevamente la misma.
No importa dónde ni frente a quien te desnudes.
Eres un espejo duplicado que se bifurca en su destello.
Conjugarte nuevamente sería mi fantasía,
esta vez te pones arriba, yo seré el sujeto y tú el verbo.
::
::hermoso poema, un placer leerte .