rebecca zuñiga
Poeta recién llegado
Hace tanto que deje de pensar en las cosas buenas que puedo tener, y he contabilizado, analizado, enlistado y enumerado, las cosas que no son buenas y que me dañan y me duelen pero que al fin de cuentas están ahí para endurecerme el alma.
Las manos me han empezado a doler y los sueños se me cristalizan, cada vez los veo más lejos, cada vez los siento más inalcanzables. Las memorias han dejado de tener fuerza y quisiera poder abrir las alas y volar donde nadie me encuentre, nadie me dañe, donde nadie me haga llorar. Estoy harta de excusas, de los siento mal intencionados, de palabrerías que no se sienten y de cosas que son bizarras pero que todos dejan que pasen de largo.
Dejo los vicios y me enfoco en las cosas que sé hacer mejor. Llamo las cosas por su nombre y me intereso por resolverme la vida, en devolverme una idea de lo que fue antes de convertirme en esto que detesto. Odio tantas cosas que antes amaba y que ahora solo forman parte de una pintura mal hecha de mi misma.
Enloquezco con pequeñas cosas que pasan a mi alrededor, que me hacen estremecer y sentir miserable y sin alma. Hace tanto que me deje de ilusionar, que deje de querer interesarme en posibles fantasías y en posibles cosas buenas que pudieran pasar. Estoy por esperar lo peor. Las mañas que obtuve al nacer ya no me son tan necesarias. Quisiera poder haber escogido mi vida en la mitad de la noche antes de levantarme y darme cuenta de que la historia no la escribí yo. Siempre debería ganar, no sé que pasa con esta racha de perdidas y derrotas, tanto del alma como del corazón.
Quisiera encontrar respuestas, hallarme completa en un día de sol en que los pájaros se sientan libres de hacer lo que les dé la gana, y ya no haya nada más de que quejarme ni nada que me haga sangrar tan lentamente que se vuelve tortura.
No espero milagros, ni señales paranormales que me alumbren la vida, sé que me complazco con cosas pequeñas, con detallitos que causarían revoluciones de vida y que mostrarían el verdadero valor de una vida que ya no es ni vida.
¿Cuándo llegará el día en que llegue tan alto que mis enemigos no me puedan alcanzar? ¿Cuándo llegará el día en que mis manos comenzarán a sentir lo que hasta ahora no han tenido el derecho de palpar? ¿Cuándo se va a acabar esta racha de mala suerte (en caso de que existiera la suerte)
Las manos me han empezado a doler y los sueños se me cristalizan, cada vez los veo más lejos, cada vez los siento más inalcanzables. Las memorias han dejado de tener fuerza y quisiera poder abrir las alas y volar donde nadie me encuentre, nadie me dañe, donde nadie me haga llorar. Estoy harta de excusas, de los siento mal intencionados, de palabrerías que no se sienten y de cosas que son bizarras pero que todos dejan que pasen de largo.
Dejo los vicios y me enfoco en las cosas que sé hacer mejor. Llamo las cosas por su nombre y me intereso por resolverme la vida, en devolverme una idea de lo que fue antes de convertirme en esto que detesto. Odio tantas cosas que antes amaba y que ahora solo forman parte de una pintura mal hecha de mi misma.
Enloquezco con pequeñas cosas que pasan a mi alrededor, que me hacen estremecer y sentir miserable y sin alma. Hace tanto que me deje de ilusionar, que deje de querer interesarme en posibles fantasías y en posibles cosas buenas que pudieran pasar. Estoy por esperar lo peor. Las mañas que obtuve al nacer ya no me son tan necesarias. Quisiera poder haber escogido mi vida en la mitad de la noche antes de levantarme y darme cuenta de que la historia no la escribí yo. Siempre debería ganar, no sé que pasa con esta racha de perdidas y derrotas, tanto del alma como del corazón.
Quisiera encontrar respuestas, hallarme completa en un día de sol en que los pájaros se sientan libres de hacer lo que les dé la gana, y ya no haya nada más de que quejarme ni nada que me haga sangrar tan lentamente que se vuelve tortura.
No espero milagros, ni señales paranormales que me alumbren la vida, sé que me complazco con cosas pequeñas, con detallitos que causarían revoluciones de vida y que mostrarían el verdadero valor de una vida que ya no es ni vida.
¿Cuándo llegará el día en que llegue tan alto que mis enemigos no me puedan alcanzar? ¿Cuándo llegará el día en que mis manos comenzarán a sentir lo que hasta ahora no han tenido el derecho de palpar? ¿Cuándo se va a acabar esta racha de mala suerte (en caso de que existiera la suerte)