manuelo
Poeta fiel al portal
Ven amor mío. Ven esta noche. Me pondré mi mejor traje.
Vamos a soñar juntos en la casa que compré para tí,
en nuestra noble casa llena de hermosos cuadros,
de trabajados y extraños muebles antiguos.
Encenderé la chimenea con leña de encina,
y colocaré delante la piel en la que fuimos amantes;
pasearemos cogidos de la mano por la gran biblioteca,
y te leeré aquellas palabras del libro que dejamos abierto.
Me volverás a dejar una copa sobre el piano de cola,
yo me sentaré frente a la última partitura que tocamos juntos,
estrecharé brevemente tu cintura, suave como el tul,
y una docena de notas atravesarán las ventanas abiertas,
y mientras bebemos un sorbo de brandy Luis Felipe,
sobrevolarán nuestro jardín de cesped de tréboles,
cruzarán los parterres de rosas blancas, rojas y amarillas,
y mezclarán su aliento con las aguas del arroyuelo;
y en la tienda de juncos y cañaverales, donde juegan las libélulas,
comprarán sueños de luz de las luciérnagas, para nosotros;
y luego te tomaré en mis brazos, y te dejaré, suavemente,
delante del sofá, junto a la chimenea, hasta que acabemos la botella.
Vamos a soñar juntos en la casa que compré para tí,
en nuestra noble casa llena de hermosos cuadros,
de trabajados y extraños muebles antiguos.
Encenderé la chimenea con leña de encina,
y colocaré delante la piel en la que fuimos amantes;
pasearemos cogidos de la mano por la gran biblioteca,
y te leeré aquellas palabras del libro que dejamos abierto.
Me volverás a dejar una copa sobre el piano de cola,
yo me sentaré frente a la última partitura que tocamos juntos,
estrecharé brevemente tu cintura, suave como el tul,
y una docena de notas atravesarán las ventanas abiertas,
y mientras bebemos un sorbo de brandy Luis Felipe,
sobrevolarán nuestro jardín de cesped de tréboles,
cruzarán los parterres de rosas blancas, rojas y amarillas,
y mezclarán su aliento con las aguas del arroyuelo;
y en la tienda de juncos y cañaverales, donde juegan las libélulas,
comprarán sueños de luz de las luciérnagas, para nosotros;
y luego te tomaré en mis brazos, y te dejaré, suavemente,
delante del sofá, junto a la chimenea, hasta que acabemos la botella.
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