No existen palabras humanas
que puedan nombrarte…
Eres más que amor,
eres deseo hecho carne,
mi delirio sagrado,
mi salvación y mi pecado.
Le ruego a Dios
que el tiempo se detenga,
que me conceda mil días
enredado en tu cuerpo,
muriendo y renaciendo
en cada roce de tu piel.
Quiero que esto nos dure para siempre,
que tu amor me habite como fuego,
que te guste cada parte de mí
como a mí me enloquece cada parte tuya.
Ansío probarte sin horarios,
de noche, de día, sin fin ni pausa.
Tu boca, mi agua.
Tu cuerpo, mi templo.
Tu voz, el latido que me guía
al centro mismo del placer.
Te quiero solo para mí,
como yo me entrego solo a ti,
con alma, con piel,
con la llama viva del deseo.
Que el mundo se disuelva,
que el reloj se duerma,
que vivamos en esta locura nuestra
donde nada más importa
que tu respiración contra la mía.
Tú eres todo lo que pedí,
todo lo que mi sangre clamó
en silencio y en fuego.
Me quedé con lo más sublime del universo:
el milagro feroz de tenerte y no soltar jamás tu piel ardida en mí.
-Dior
que puedan nombrarte…
Eres más que amor,
eres deseo hecho carne,
mi delirio sagrado,
mi salvación y mi pecado.
Le ruego a Dios
que el tiempo se detenga,
que me conceda mil días
enredado en tu cuerpo,
muriendo y renaciendo
en cada roce de tu piel.
Quiero que esto nos dure para siempre,
que tu amor me habite como fuego,
que te guste cada parte de mí
como a mí me enloquece cada parte tuya.
Ansío probarte sin horarios,
de noche, de día, sin fin ni pausa.
Tu boca, mi agua.
Tu cuerpo, mi templo.
Tu voz, el latido que me guía
al centro mismo del placer.
Te quiero solo para mí,
como yo me entrego solo a ti,
con alma, con piel,
con la llama viva del deseo.
Que el mundo se disuelva,
que el reloj se duerma,
que vivamos en esta locura nuestra
donde nada más importa
que tu respiración contra la mía.
Tú eres todo lo que pedí,
todo lo que mi sangre clamó
en silencio y en fuego.
Me quedé con lo más sublime del universo:
el milagro feroz de tenerte y no soltar jamás tu piel ardida en mí.
-Dior