PANYU DAMAC
Poeta asiduo al portal
Que está antes y después,
de que despertaras al ahora,
de que descubriera cómo mora
de que requirieras lo que es.
Túmbate en el aire: la luna, el sol, las estrellas,
la lluvia que te enseñó a llorar,
la tierrita bajo las uñas, incluso las hojas muertas,
son más livianas fáciles de llevar.
Has malabares con tus convicciones,
ellas no se partirán, ni por caer mil veces, ni por ser de cristal...
Son tus manos las que necesitan ejercicio no tus visiones
ni tu corazón, que está preparado a sincopar en lo advertible,
para no dejar pasar lo irrepetible.
Sirve la entrega, a quien merece perderse entre la niebla
que acaricia tus pétalos, y refresca tu candor.
Confesando la luna a cambio de mirarla armo una risa tierna,
y para ese momento ya no necesito imaginar en tu rostro el rubor.
Tomado de la mano con la madrugada para que la lleve
a pasear por las riberas de un mismo sueño duermo contigo.
Oliendo mi propio pelaje de bestia pulsante escucho mientras llueve,
hasta tu camino me transporto, borro cualquier señal del destino.
Meditando en compañía de tus confesiones
sereno el pulso con que sostengo firme estas convicciones.
Podando el vástago de tu credo
me preparo para ver brotar todo tu ego.
Es ese el dulce vértice al que sólo se puede llegar a pie,
el agua cristalina en que las sombras tintinean,
la pinta de escarcha que salta por doquier,
la pluma de águila que de las alturas respira
la flor salvaje a la que la lluvia da de beber,
la inhalación proveniente de la permeación a la poesía.
de que despertaras al ahora,
de que descubriera cómo mora
de que requirieras lo que es.
Túmbate en el aire: la luna, el sol, las estrellas,
la lluvia que te enseñó a llorar,
la tierrita bajo las uñas, incluso las hojas muertas,
son más livianas fáciles de llevar.
Has malabares con tus convicciones,
ellas no se partirán, ni por caer mil veces, ni por ser de cristal...
Son tus manos las que necesitan ejercicio no tus visiones
ni tu corazón, que está preparado a sincopar en lo advertible,
para no dejar pasar lo irrepetible.
Sirve la entrega, a quien merece perderse entre la niebla
que acaricia tus pétalos, y refresca tu candor.
Confesando la luna a cambio de mirarla armo una risa tierna,
y para ese momento ya no necesito imaginar en tu rostro el rubor.
Tomado de la mano con la madrugada para que la lleve
a pasear por las riberas de un mismo sueño duermo contigo.
Oliendo mi propio pelaje de bestia pulsante escucho mientras llueve,
hasta tu camino me transporto, borro cualquier señal del destino.
Meditando en compañía de tus confesiones
sereno el pulso con que sostengo firme estas convicciones.
Podando el vástago de tu credo
me preparo para ver brotar todo tu ego.
Es ese el dulce vértice al que sólo se puede llegar a pie,
el agua cristalina en que las sombras tintinean,
la pinta de escarcha que salta por doquier,
la pluma de águila que de las alturas respira
la flor salvaje a la que la lluvia da de beber,
la inhalación proveniente de la permeación a la poesía.