Martin Grauss
Poeta recién llegado
Mientras te veo, te admiro deliciosamente diseccionada
en hordas enrojecidas. Manantiales de sangre y delgadas
gotitas de tus lágrimas desesperadas enjugan el celeste
espectáculo de la atracción elemental.
Naciste royendo mis oraciones desenfrenadas.
Te escapaste de mi influjo como la oscuridad
al amanecer. El miedo de tu vientre profundo
me enloquecía, me ataba mas a tus malditos ojos.
Despertaste en mí la locura, la sangre, las hachas.
El ferviente y obstinado asesino que corroe
mi cordura, ha ganado esta unánime batalla.
¡Que maldita tu belleza! ¡Tan merecedora de la muerte!
Las hachas brillaban con más intensidad cuando
mis ojos te vieron. Mis dientes pedían con desesperación
desmigajar tu sexo con violencia. Mi placer explota
al convertir tus blancas caderas en masas deformes de anatomía.
¡Que nadie me culpe de tu masacre!
Antes debiste arder en las llamas que mostrar al mundo
tu enloquecedora sensualidad. Que culpen a la Luna
entonces, que dotó de blancura intensa tu expresión de terror.
Ya llegara el día de mi condenación. Ahora, solo disfruta,
que ya he dado con tu esqueleto hermoso, cubierto de
innumerables capas de carne y sangre, para danzar con él
en las fraguas divinas de la oscura demencia de mi soledad.
en hordas enrojecidas. Manantiales de sangre y delgadas
gotitas de tus lágrimas desesperadas enjugan el celeste
espectáculo de la atracción elemental.
Naciste royendo mis oraciones desenfrenadas.
Te escapaste de mi influjo como la oscuridad
al amanecer. El miedo de tu vientre profundo
me enloquecía, me ataba mas a tus malditos ojos.
Despertaste en mí la locura, la sangre, las hachas.
El ferviente y obstinado asesino que corroe
mi cordura, ha ganado esta unánime batalla.
¡Que maldita tu belleza! ¡Tan merecedora de la muerte!
Las hachas brillaban con más intensidad cuando
mis ojos te vieron. Mis dientes pedían con desesperación
desmigajar tu sexo con violencia. Mi placer explota
al convertir tus blancas caderas en masas deformes de anatomía.
¡Que nadie me culpe de tu masacre!
Antes debiste arder en las llamas que mostrar al mundo
tu enloquecedora sensualidad. Que culpen a la Luna
entonces, que dotó de blancura intensa tu expresión de terror.
Ya llegara el día de mi condenación. Ahora, solo disfruta,
que ya he dado con tu esqueleto hermoso, cubierto de
innumerables capas de carne y sangre, para danzar con él
en las fraguas divinas de la oscura demencia de mi soledad.