Elcolibri
Poeta recién llegado
Ella y yo tendidos en el lecho
como un mar amargo,
ya no se tocan nuestros cuerpos,
no compartimos el vino,
la noche es una aventura de ahorcados;
Hemos aprendido a bostezar
y a tragarnos las estrellas vomitando el aburrimiento.
Nuestro cuarto nos contempla inmóviles,
enclaustrados cada uno en su monotonía
donde el reloj abre una zanja dolorosa al rostro.
El desamor puede matar los más convulsos orgasmos.
Han venido a navegar barcas de olvido en nuestros genitales.
Yo pienso en ella en el silencio del mundo
mientras miro el techo,
acude a mi con desnudes de rosa
o como la niebla en la madrugada rodeándome de existencias.
Yo la tomo lejana por sus delgadas caderas
Hasta hacerla crecer como un árbol.
como un mar amargo,
ya no se tocan nuestros cuerpos,
no compartimos el vino,
la noche es una aventura de ahorcados;
Hemos aprendido a bostezar
y a tragarnos las estrellas vomitando el aburrimiento.
Nuestro cuarto nos contempla inmóviles,
enclaustrados cada uno en su monotonía
donde el reloj abre una zanja dolorosa al rostro.
El desamor puede matar los más convulsos orgasmos.
Han venido a navegar barcas de olvido en nuestros genitales.
Yo pienso en ella en el silencio del mundo
mientras miro el techo,
acude a mi con desnudes de rosa
o como la niebla en la madrugada rodeándome de existencias.
Yo la tomo lejana por sus delgadas caderas
Hasta hacerla crecer como un árbol.