AIBAEZA
Poeta adicto al portal
Se me ha inundado el vientre de semilla,
el amor ha dividido mi cuerpo en dos.
Se han de abrir mis carnes con dolor
a la llamada de una nueva vida.
Oigo bullir, agitándose inquieto,
el rumor de una corriente profunda
que me llenará de punta a punta
hasta llevar su cauce a río abierto.
En mí te siento, aunque escondido
en un mar de carne jubilosa
- antes reinado oscuro de sombras -
que en sangre e ilusión Amor ha henchido.
Has de rasgarme toda. Tejerán
con verdades y pobrezas tu cama,
en fuertes hilos de adversa esperanza
tu cuerpo enredado se quedará.
Te lloro ahora que te llevo dentro.
Más adelante tendré que reir.
Mi sangre me dice: "Tiene que existir".
¡Cuánta angustia se encoge en mi pecho!
Hijo del hambre y la inquietud, derribas
feroces espadas que ceñirán mi frente
de llanto y desconsuelo ardientes.
Marcada a fuego te dejo la historia.
En la cumbre no hollada de tu vida
entierro mi orgullo y mis heridas.
el amor ha dividido mi cuerpo en dos.
Se han de abrir mis carnes con dolor
a la llamada de una nueva vida.
Oigo bullir, agitándose inquieto,
el rumor de una corriente profunda
que me llenará de punta a punta
hasta llevar su cauce a río abierto.
En mí te siento, aunque escondido
en un mar de carne jubilosa
- antes reinado oscuro de sombras -
que en sangre e ilusión Amor ha henchido.
Has de rasgarme toda. Tejerán
con verdades y pobrezas tu cama,
en fuertes hilos de adversa esperanza
tu cuerpo enredado se quedará.
Te lloro ahora que te llevo dentro.
Más adelante tendré que reir.
Mi sangre me dice: "Tiene que existir".
¡Cuánta angustia se encoge en mi pecho!
Hijo del hambre y la inquietud, derribas
feroces espadas que ceñirán mi frente
de llanto y desconsuelo ardientes.
Marcada a fuego te dejo la historia.
En la cumbre no hollada de tu vida
entierro mi orgullo y mis heridas.