Con espada de madera
vas a herirme con todas tus fuerzas,
el filo será de corte,
desangrará mi cuello
chorreando mis penas.
Clavada en el corazón
como estaca de dolor,
punta de piedra
grito de pena
que lastima y quiebra.
¡Clava más hondo,
clava!.
Frío cuchillo que raja las venas:
sangre por toda la arena.
Tu asta de toro
en mi pecho lacera,
quema la vida,
llanto que riega.
Inesperada cornada
mata el amor
que la niña lleva
guardado en su corazón,
encerrado como un tesoro
de luna y oro.
Asustada y tirada
se arrastra de pena,
seca y callada
se queda la niña:
seca de espantos,
seca de llantos,
quieta, muy quieta,
¡muerta
y bien muerta!.
Uffff, mi amiga Almudena, veo que conoces esas sensaciones que desgarran, cuando todo parece que se derrumba y no acertamos ni a comprender ni a ubicarnos en un punto de partida, sino que nos sentimos perdidos en nieblas espesas sin saber donde está la salida hacia la luz.
Un abrazo.
