Héctor Horacio Luisi
Poeta asiduo al portal
La amistad tú me serviste,
Y lealtad sin miramientos,
Sin importar que dijeron,
No te tragaste ni un cuento.
Taza de té de por medio
Me calmó las ansiedades
Y una charla fue el remedio
Que alejó todos los males.
Largas pláticas de noche,
Llorar a veces, despacio,
Y tus risas sin reproches
Dieron forma a nuestro espacio.
La ilusión forjó tu vida,
Y de ilusión estudiaste,
Me enseñaste de ilusiones,
Delirios y sueños forjaste.
La lección fue que el dolor,
No retrasa la sonrisa,
Tú reíste más que yo,
Siendo esclavo de una silla.
El dolor que no comprendo,
Tuviste que soportar,
No sólo el dolor del cuerpo,
Tu alma debió llorar.
Te amaron y tú te diste,
Te quejaste y sufriste,
Carcajeaste y sonreíste,
Tuviste tus noches tristes.
Te dieron la mano, hermano,
Tu mano también tendiste,
Elegiste cuando irte,
Y hasta al marchar, viviste.
Tal vez un ignorante dirá:
¡Cuánto sufriste!
Mas los que te supimos,
Diremos: Bien. Trascendiste.
Y lealtad sin miramientos,
Sin importar que dijeron,
No te tragaste ni un cuento.
Taza de té de por medio
Me calmó las ansiedades
Y una charla fue el remedio
Que alejó todos los males.
Largas pláticas de noche,
Llorar a veces, despacio,
Y tus risas sin reproches
Dieron forma a nuestro espacio.
La ilusión forjó tu vida,
Y de ilusión estudiaste,
Me enseñaste de ilusiones,
Delirios y sueños forjaste.
La lección fue que el dolor,
No retrasa la sonrisa,
Tú reíste más que yo,
Siendo esclavo de una silla.
El dolor que no comprendo,
Tuviste que soportar,
No sólo el dolor del cuerpo,
Tu alma debió llorar.
Te amaron y tú te diste,
Te quejaste y sufriste,
Carcajeaste y sonreíste,
Tuviste tus noches tristes.
Te dieron la mano, hermano,
Tu mano también tendiste,
Elegiste cuando irte,
Y hasta al marchar, viviste.
Tal vez un ignorante dirá:
¡Cuánto sufriste!
Mas los que te supimos,
Diremos: Bien. Trascendiste.