Con la voz de verdura y el ojo alterno…
igual nos daba el peso del cuaderno encharcado…
la musicalidad de sol en rama, en esa partida de ajedrez…
el molde del vientre de calor,
y el viento barriendo, caprichos solos…
si os han dicho,
que a cucharadas,
se ha hecho vieja la hiedra…
y vuestras tertulias andan dispersas,
por los recuerdos y parques,
con las sombras rojas de la melodía.
Si quisieran llevarnos, las libélulas de los santos...
si peregrinásemos por las amenazas de un grito…
las madrugadas perdidas en papel de fumar;
si quisieran matarme, mis desdichas de anís.
O sí fuéramos de la mano, hacia esa verdadera alegría,
de belleza común y cimientos de misericordia.
Si bañemos la ciudad en el oído,
nuestros acertijos, en las lagrimitas de toro;
y, de lo nuestro,
escogemos el azul de la palabra que marcha en paz.
igual nos daba el peso del cuaderno encharcado…
la musicalidad de sol en rama, en esa partida de ajedrez…
el molde del vientre de calor,
y el viento barriendo, caprichos solos…
si os han dicho,
que a cucharadas,
se ha hecho vieja la hiedra…
y vuestras tertulias andan dispersas,
por los recuerdos y parques,
con las sombras rojas de la melodía.
Si quisieran llevarnos, las libélulas de los santos...
si peregrinásemos por las amenazas de un grito…
las madrugadas perdidas en papel de fumar;
si quisieran matarme, mis desdichas de anís.
O sí fuéramos de la mano, hacia esa verdadera alegría,
de belleza común y cimientos de misericordia.
Si bañemos la ciudad en el oído,
nuestros acertijos, en las lagrimitas de toro;
y, de lo nuestro,
escogemos el azul de la palabra que marcha en paz.