Leonardo Velecela
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hienas dramáticas desfilan sus mentiras,
en los pueblos de misma sangre,
flameando la bandera oligárquica y absurda,
lloran llantos estériles para ser victimas falsas
ante el mundo.
Y las victimas son otras:
son los jornaleros de cinco dólares diarios,
las madres lavanderas de ropas de otros,
el niño que limpia zapatos enlodados
en las calles del tercer mundo.
Y otros mas que pelean sus batallas contra el hambre.
Y los políticos defenestrados se rasgan las vestiduras,
ante las cámaras de los conglomerados mismos,
bajo el lema de una democracia cautiva
entre leyes enmascaradas peligrosas.
Son los padres de una patria moribunda,
los dueños de un sistema paradójico,
los que voz en cuello cantan mentiras,
y sus barrigas crecen, al ritmo que la de los pobres
muere entre gruñidos intestinales.
Pero las victimas reales
con sus machetes pelean en los campos.
En los verdes canteros, en los arrozales sumergidos,
en bananeras poderosas insensibles,
llevando poco pan para sus mesas.
Otros dejan patrias decadentes,
familias calladas en la injusticia neoliberal,
dejan sueños de honor entre recuerdos,
y se van a mundos mas grandes buscando libertad,
y pan completo en sus mesas.
Mientras la oligarquía entre lino real siembra desprecio
en los ojos del poder popular, el supremo legitimo,
que ya no aguanta.
Leonardo V.
en los pueblos de misma sangre,
flameando la bandera oligárquica y absurda,
lloran llantos estériles para ser victimas falsas
ante el mundo.
Y las victimas son otras:
son los jornaleros de cinco dólares diarios,
las madres lavanderas de ropas de otros,
el niño que limpia zapatos enlodados
en las calles del tercer mundo.
Y otros mas que pelean sus batallas contra el hambre.
Y los políticos defenestrados se rasgan las vestiduras,
ante las cámaras de los conglomerados mismos,
bajo el lema de una democracia cautiva
entre leyes enmascaradas peligrosas.
Son los padres de una patria moribunda,
los dueños de un sistema paradójico,
los que voz en cuello cantan mentiras,
y sus barrigas crecen, al ritmo que la de los pobres
muere entre gruñidos intestinales.
Pero las victimas reales
con sus machetes pelean en los campos.
En los verdes canteros, en los arrozales sumergidos,
en bananeras poderosas insensibles,
llevando poco pan para sus mesas.
Otros dejan patrias decadentes,
familias calladas en la injusticia neoliberal,
dejan sueños de honor entre recuerdos,
y se van a mundos mas grandes buscando libertad,
y pan completo en sus mesas.
Mientras la oligarquía entre lino real siembra desprecio
en los ojos del poder popular, el supremo legitimo,
que ya no aguanta.
Leonardo V.
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