carlos lopez dzur
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hasta el amor tiene un trámite, hijo mío.
Para sentir hay que saber dolerse y morirse
y levantarse, herido, y desde mil pedazos rehacerse.
Tú vas a morir de esa manera.
Van a quererte sólo los humildes;
los campesinos que te han visto,
humillado, vapuleado, sucio, ebrio como la pascua,
pero, yo, tu padre te quiero, como se quiere
lo hermoso, tu cuerpo de luna amada.
Te haré mi hijo, te esconderé en mi muslo.
Te coseré a él y podrás sobrevivir y renacer dos veces.
Vas a aprender mi luz secreta.
Tú no sufrirás mientras seas, por mi amor, lo que quiero:
quien por mí muere, gratamente, quien por amor
se inmola, y me ofrenda su cuerpo de luna amada.
Tú, poeta, hijo de Semele, tienes sus emociones.
Lo que yo amara en Ella, quien pidió el resplandor
(todo mi sol desnudo, toda mi vehemencia vertebrada),
tú lo tienes. Aprende que eres hermoso, poeta,
y no te vendas. Es divino tu cuerpo de luna amada.
Que no falte la emoción y perdure para siempre
y sea del Sol viajero, enteramente, aunque me mate
y sea su Luna que lo ama, aunque se hunda
en la penumbra de la noche.
Ella así pidió: «Sacrifícame a tí.
Quiero que mi cuerpo sea tu Luna Amada».
Tú heredaste el pedido de aquella luna hermosa
y, por tanto, su luz que hoy es fecunda, es tuya.
Llámate, poeta, hijo de Soles. Amado de luna.
Voy a darte otros frutos de la vid y la hiedra.
Tú hablarás sobre el sexo y las pasiones.
Para sentir hay que saber dolerse y morirse
y levantarse, herido, y desde mil pedazos rehacerse.
Tú vas a morir de esa manera.
Van a quererte sólo los humildes;
los campesinos que te han visto,
humillado, vapuleado, sucio, ebrio como la pascua,
pero, yo, tu padre te quiero, como se quiere
lo hermoso, tu cuerpo de luna amada.
Te haré mi hijo, te esconderé en mi muslo.
Te coseré a él y podrás sobrevivir y renacer dos veces.
Vas a aprender mi luz secreta.
Tú no sufrirás mientras seas, por mi amor, lo que quiero:
quien por mí muere, gratamente, quien por amor
se inmola, y me ofrenda su cuerpo de luna amada.
Tú, poeta, hijo de Semele, tienes sus emociones.
Lo que yo amara en Ella, quien pidió el resplandor
(todo mi sol desnudo, toda mi vehemencia vertebrada),
tú lo tienes. Aprende que eres hermoso, poeta,
y no te vendas. Es divino tu cuerpo de luna amada.
Que no falte la emoción y perdure para siempre
y sea del Sol viajero, enteramente, aunque me mate
y sea su Luna que lo ama, aunque se hunda
en la penumbra de la noche.
Ella así pidió: «Sacrifícame a tí.
Quiero que mi cuerpo sea tu Luna Amada».
Tú heredaste el pedido de aquella luna hermosa
y, por tanto, su luz que hoy es fecunda, es tuya.
Llámate, poeta, hijo de Soles. Amado de luna.
Voy a darte otros frutos de la vid y la hiedra.
Tú hablarás sobre el sexo y las pasiones.