Beth
Poeta recién llegado
Tu dolor, hijo,
es el mío
agrandado en el
barco lejano
de la distancia.
Tu llanto, hijo,
lo siento en mi
carne y en mi
alma imantada
de esperanza.
Tu impotencia, hijo,
me hace daño
como puñal
atravesado
en mi espalda.
Tu esperanza, hijo,
la hago mía
cuando ruego
al dios de
las madres, y él
llena mi tormento
con su calma
es el mío
agrandado en el
barco lejano
de la distancia.
Tu llanto, hijo,
lo siento en mi
carne y en mi
alma imantada
de esperanza.
Tu impotencia, hijo,
me hace daño
como puñal
atravesado
en mi espalda.
Tu esperanza, hijo,
la hago mía
cuando ruego
al dios de
las madres, y él
llena mi tormento
con su calma